25 DE MAYO DE 1810: LA REVOLUCIÓN QUE CAMBIÓ A LA AMÉRICA DEL SUR

Para comprender los sucesos de la Revolución de Mayo más allá de las anécdotas escolares, hay que remontarse hasta las Invasiones Inglesas producidas en Buenos Aires en 1806 y 1807. Fue entonces cuando los habitantes de estas tierras, olvidados por las autoridades españolas que se debatían en sus conflictos europeos, tomaron conciencia de su capacidad para defenderse solos frente al invasor. ¿Si habían logrado repeler a la poderosa escuadra británica, por qué no podrían deshacerse de los maltrechos españoles, acosados por la invasión de Napoleón Bonaparte? ¿Por qué seguir soportando las limitaciones al comercio que obligaban a las colonias a intercambiar sus productos solamente con la Corona española? ¿Por qué no explotar las riquezas de la agricultura con que contaba el territorio, tal como Manuel Belgrano lo recomendaba desde su puesto de secretario del Consulado? ¿Por qué no tener un gobierno independiente?

Todas estas preguntas se hicieron los habitantes de Buenos Aires desde la expulsión de los británicos. Desde entonces, el clima de conspiración fue creciendo en la ciudad, hasta que el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros creó un Juzgado de Vigilancia Política para perseguir a los revolucionarios a quienes acusó de difundir noticias falsas respecto a lo que sucedía en España. Y los calificó como “algunos pocos díscolos que extendiendo noticias falsas y seductivas, pretenden mantener la discordia y fomentar el espíritu de partido”. En verdad, más que noticias falsas, los revolucionarios difundían las ideas de Rousseau, Montesquieu, Voltaire, que entonces se imponían en el mundo, y que habían influido en la declaración de la Independencia de los Estados Unidos y en la Revolución Francesa.

La inexistencia de medios de comunicación como los actuales, permitió que la revolución se retrasara. Pero cuando el 17 de mayo de 1810 comenzaron a circular por la ciudad copias de la Gazeta de Londres en la que se informaba que Napoleón había destituido al rey Fernando VII y que el pueblo español se había levantado en su contra en defensa del monarca, los revolucionarios decidieron que ya era tiempo de entrar en acción.

Nicolás Rodríguez Peña, Juan José Castelli y Martín Rodríguez, entre otros, se reunieron con Cornelio Saavedra, jefe del Regimiento de Patricios, y decidieron que, ante la inexistencia del rey, la figura del virrey no tenía sentido alguno. Cisneros debía renunciar luego de traspasar el poder al Cabildo que gobernaría hasta que en un Cabildo Abierto se designaran nuevas autoridades.

Tanto Cisneros como el Alcalde de primer voto, Juan José Lezica y el Síndico Procurador del Cabildo, Julián Leiva, intentaron dilatar la cuestión. Pero el 21 de mayo, mientras los cabildantes continuaban con sus tareas habituales, alrededor de 500 hombres armados, liderados por Luis Berutti y Domingo French, ocuparon la Plaza de la Victoria (hoy Plaza de Mayo) para exigir la convocatoria al Cabildo Abierto. La imagen de los que protestaban era desconcertante. Lucían en sus sombreros un retrato del rey Fernando VII y en sus solapas una cinta blanca, símbolo de la unidad entre España y sus colonias.

Cisneros se apresuró entonces a autorizar la convocatoria, con la esperanza de que los votos de los convocados lo confirmen en su cargo. Las invitaciones las cursó el Cabildo a alrededor de 450 personas de las que asistieron nada más que 251. ¿Por qué las ausencias? Dicen que los hombres de French y Berutti se encargaron de disuadir a quienes no estaban de acuerdo con la emancipación. Y ésta fue la razón de las famosas cintas que repartieron como manera de señalar a los partidarios de la revolución a quienes los guardias les franqueban el paso, mientras que a los opositores se los impedía.

El 22 de mayo a las 9 de la mañana comenzaron los alegatos en el Cabildo. El obispo Benito Lué y Riega argumentó que aunque España estuviera dominada, cualquier español en América tenía derecho a asumir el mando de sus colonias. Le respondió Juan José Castelli quien sostuvo que “el gobierno de España ha caducado” por lo tanto la soberanía debía volver al pueblo. Pero el fiscal de la Real Audiencia, Manuel Genaro Villota le replicó que Buenos Aires no tenía facultades para tomar decisiones en nombre de todos los territorios que integraban el Virreinato del Río de la Plata, cuestionando a cuál de todos esos pueblo debía volver la soberanía. Juan José Paso cerró la discusión con un argumento irrefutable: “Buenos Aires necesita con mucha urgencia sea cubierto de los peligros que la amenazan, por el poder de la Francia y el triste estado de la Península. Para ello, una de las primeras medidas debe ser la inmediata formación de una junta provisoria de gobierno a nombre del señor don Fernando VII, y que ella proceda sin demora a invitar a los demás pueblos del Virreinato a que concurran por sus representantes a la formación del gobierno permanente”. La mención de la defensa del monarca fue la estrategia que desbarató cualquier oposición de los partidarios del rey.

Cerrado el debate, se produjo la votación. Pero recién el 23 de mayo se reunió el Cabildo para realizar el escrutinio del día anterior en el que triunfó la postura revolucionaria que exigía la renuncia del virrey y que el Cabildo designara una junta de gobierno.

En una última maniobra, el 24 de mayo el Cabildo designó como presidente del nuevo gobierno al ya ex virrey Cisneros, y nombró una Junta en la que se reservó solo dos lugares para los revolucionarios. A las ocho de la noche de ese mismo día, los revolucionarios se reunieron en la casa de Rodríguez Peña y convencieron a los jefes militares para que exigieran que se destituyera esa junta y se volviera a convocar al pueblo. Asustados por la fuerza militar, los flamantes nombrados presentaron sus renuncias ante el Cabildo.

Finalmente, el 25 de Mayo de 1810, Cisneros renunció a su cargo, y cuando el Cabildo se proponía designar una nueva Junta, otra vez los hombres liderados por French y Berutti irrumpieron en la sala con la lista de nombres que debían integrar la Primera Junta avalada por la firma de “vecinos y de comandantes y oficiales de los cuerpos voluntarios de esta Capital de Buenos Aires”.

Así se produjeron los hechos de Mayo, con una Revolución que cambió la historia de toda América del Sur.

Fuente:

  • Goldman, Noemí. ¡El pueblo quiere saber de qué se trata!. Historia oculta de la Revolución de Mayo. Editorial Sudamericana. Bs. As. 2009.

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