A 35 AÑOS DE LA GUERRA DE MALVINAS

 

Fue el 2 de abril de 1982 cuando para los argentinos comenzó un doloroso sueño que duró apenas 10 semanas y que tenía un siglo y medio de historia: la recuperación del territorio de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Ese día, la sociedad dejó de lado el profundo malestar que sentía contra el régimen de la Junta Militar integrada por el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Jorge Isaac Anaya y el brigadier Basilio Lami Dozo, y en Buenos Aires protagonizó una manifestación espontánea hacia la Plaza de Mayo, por las mismas calles en las que tres días antes habían sido reprimidos durante la jornada de protesta convocada por la CGT.

 

El general Mario Benjamín Menéndez, que había actuado contra la guerrilla en el monte tucumano, fue designado primer gobernador de las islas y en ese carácter recibió al brigadier Lami Dozo quien se trasladó hasta el teatro de operaciones. A su regreso declaraba:

 

Los partidos políticos, las agrupaciones gremiales y la gente común se sumaron a la gesta con alegría patriótica. En el ministerio de Defensa se registraron miles de voluntarios, los medios de comunicación organizaron cruzadas para juntar fondos para la guerra y el hasta ese momento ausente rock nacional comenzó a sonar en todas las radios como forma de evidenciar que los argentinos pertenecían a Latinoamérica. Además, diversas agrupaciones de mujeres se reunieron para juntar víveres y provisiones para los soldados y muchas se ofrecieron como voluntarias.

 

Pero muy pocos creyeron que el país entraría en guerra, sobre todo la Junta Militar que había ordenado el desembarco. La consigna era “ocupar para negociar”, confiando en la gestión del canciller Nicanor Costa Méndez en los foros internacionales y en el apoyo  de los Estados Unidos que ayudarían a lograr un arreglo pacífico con los británicos, quienes no se arriesgarían a participar de un conflicto tan lejano a su territorio.

Sin embargo, el 25 de abril la flota británica llegó a las Georgias del Sur y el 1 de mayo se iniciaron las acciones bélicas con un ejército altamente profesionalizado, con armamento ultramoderno, apoyado por satélites norteamericanos y que se enfrentó a soldados de 18 años, con escaso entrenamiento, mal equipados y hasta hambrientos.

Pero en Buenos Aires la información oficial transmitía un triunfalismo que poco tenía que ver con la realidad.

 

Durante dos días, el 28 y 29 de mayo, las fuerzas argentinas resistieron en el istmo de Darwin-Goose Green pero fueron derrotadas tras sufrir numerosas pérdidas. El 1 de junio, los ingleses ocuparon el Monte Kent y una semana después, el Cerro Dos Hermanas y el Monte Longdon.

Mientras tanto, miles de personas se reunieron en Palermo para rezar junto al Papa Juan Pablo II que, ante la gravedad de los acontecimientos, decidió trasladarse a Buenos Aires para interceder personalmente por la  paz.

Dos días después, el 14 de junio, los ingleses tomaron Puerto Argentino. La guerra había terminado. Catorce mil soldados argentinos capitularon frente al general Jeremy Moore. Centenares de ellos dejaron sus vidas en aquellas tierras del sur. El presidente de facto Galtieri anunció la rendición.

 

Todo comenzó hace 35 años, el 2 de abril de 1982, y terminó dos meses y medio después con una derrota triste y dolorosa, producto de una decisión política suicida y unilateral. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional creyó que con la guerra salvaría su gobierno, pero lo único que logró fue la muerte de centenares de soldados que, en total desventaja, lucharon hasta el límite de sus fuerzas y, además, el repudio generalizado de los argentinos hacia la dictadura militar.

 

Fuente:

  • Moro, Rubén Oscar. La guerra inaudita: Historia del Conflicto del Atlántico Sur. Editorial Pleamar. Bs. As. 1986.

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