A 41 AÑOS: EL GOLPE DE ESTADO CÍVICO-MILITAR EN DOCUMENTOS

A 41 años del golpe de estado del 24 de marzo de 1976, El Presente de la Historia publicará los documentos con los que se inició el período más oscuro de la historia argentina, luego de que un golpe de estado cívico-militar derrocó y encarceló a la presidenta constitucional María Estela Martínez de Perón.

 

 

Durante los siete años que duró la dictadura, que se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional, y con la excusa de reprimir a la “subversión”, se institucionalizó un plan sistemático y estratégico de represión que implicó la instauración del terrorismo de estado. Con la coordinación del Estado y junto a la complicidad de sectores del empresariado y de la Iglesia, se ejerció la censura, la detención política, el secuestro, la tortura, la desaparición, el asesinato y la apropiación de bebés nacidos en los centros clandestinos de detención.

La política económica liberalizó el mercado de capitales, perjudicó a la industria, produjo desocupación y pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, fomentó la especulación financiera y aumentó la deuda externa, que pasó de 9 mil a 46 mil millones de dólares asumiendo el Estado la deuda externa privada de empresas como Sevel (124 millones de dólares), Acindar (649 millones) y Loma Negra (62 millones), entre otras.

Además, el gobierno de facto inició un conato de guerra con Chile por el Canal de Beagle, y declaró la guerra a Inglaterra por las Islas Malvinas en la que las fuerzas argentinas fueron derrotadas con el saldo de 649 muertos y 1082 heridos. Desde entonces hasta la actualidad se multiplicaron los suicidios entre los ex combatientes, alcanzando casi la misma cifra de los caídos en combate.   

El historiador Norberto Galasso lo sintetiza: “El balance de su gestión es desastroso: dejan un baño de sangre —30 mil desaparecidos— y un país destruido y puesto de rodillas ante la banca mundial. La deuda externa se ha sextuplicado entre 1976 y 1982, gran número de industrias han quebrado y por consiguiente ha aumentado la desocupación, miles de argentinos han tomado el camino del exilio y la distribución del ingreso se ha tornado cada vez más injusta. Los trabajadores han resultado la clase más castigada por la represión: el 30% de las víctimas son obreros y el 18% son empleados, alcanzando al 21% los estudiantes y distribuyéndose el resto entre los demás sectores sociales”.

La dictadura cívico militar entre 1976 y 1983 comenzó con esta proclama:

PROCESO DE REORGANIZACIÓN NACIONAL

PROCLAMA

Agotadas todas las instancias del mecanismo constitucional, superada la posibilidad de rectificaciones dentro del marco de las instituciones y demostrada en forma irrefutable la imposibilidad de la recuperación del proceso por sus vías naturales llega a su término una situación de agravia a la Nación y compromete su futuro.

Nuestro pueblo ha sufrido una nueva frustración. Frente a un tremendo vacío de poder, capaz de sumirnos en la disolución y en la anarquía; a la falta de capacidad de convocatoria que ha demostrado el gobierno nacional; a las reiteradas y sucesivas contradicciones evidenciadas en la adopción de medidas de toda índole; a la falta de una estrategia global que conducida por el poder político, enfrentara la subversión; a la carencia de soluciones para problemas básicos de la Nación, cuya resultante ha sido el incremento permanente de todos los extremismos; a la ausencia total de los ejemplos éticos y morales que deben dar quienes ejercen la conducción del Estado; a la manifiesta irresponsabilidad en el manejo de la economía, que ocasionara el agotamiento del aparato productivo; a la especulación y la corrupción generalizadas, todo lo cual se traduce en una irreparable pérdida del sentido de grandeza y de fe; las Fuerzas Armadas, en cumplimiento de una obligación irrenunciable, han asumido la conducción del Estado.

Una obligación que surge de serenas meditaciones sobre las consecuencias irreparables que podría tener sobre el destino de la Nación toda, una actitud distinta a la adoptada.

Esta decisión persigue el propósito de terminar con el desgobierno, la corrupción y el flagelo subversivo, y sólo está dirigida contra quienes han delinquido o cometido abusos de poder.

Es una decisión por la Patria y no supone, por lo tanto, discriminaciones contra ninguna militancia cívica ni sector social alguno. Rechaza, por consiguiente, la acción disociadora de todos los extremismos y el efecto corruptor de cualquier demagogia.

Las Fuerzas Armadas desarrollarán durante la etapa que hoy se inicia una acción regida por pautas perfectamente determinadas, por medio del orden, del trabajo, de la observancia plena de los principios éticos y morales de la justicia, de la organización integral del hombre, del respeto a sus derechos y dignidad; así la República llegará a la unidad de los argentinos y a la total recuperación del ser nacional, metas irrenunciables para cuya obtención se convoca en un esfuerzo común a los hombres y mujeres, sin exclusiones, que habitan este suelo.

Tras esas aspiraciones compartidas, todos los sectores representativos del país deben sentirse claramente identificados y, por ende, comprometidos en la empresa común que conduzca a la grandeza de la Patria.

No será un gobierno patrimonio de sectores ni para sector alguno. Estará imbuido de un profundo sentido nacional y sólo responderá a los más sagrados intereses de la Nación y sus habitantes.

Al contraer las Fuerzas Armadas tan trascendente compromiso, formulan una firme convocatoria a toda la comunidad nacional.

En esta nueva etapa hay un puesto de lucha para cada ciudadano. La tarea es ardua y urgente. No estará exenta de sacrificios, pero se la emprende con el absoluto convencimiento de que el ejemplo se predicará de arriba hacia abajo y con fe en el futuro argentino.

La conducción del proceso se ejercitará con absoluta firmeza y vocación de servicio.

A partir de este momento, la responsabilidad asumida impone el ejercicio severo de la autoridad para erradicar definitivamente los vicios que afectan al país.

Por ello, al par que se continuará combatiendo sin tregua a la delincuencia subversiva, abierta o encubierta, y se desterrará toda demagogia, no se tolerará la corrupción o la venalidad bajo ninguna forma o circunstancia, ni tampoco cualquier transgresión a la ley u oposición al proceso de reparación de que se inicia.

Las Fuerzas Armadas han asumido el control de la República. Quiera el país todo comprender el sentido profundo e inequívoco de esta actitud para que la responsabilidad y el esfuerzo colectivos acompañen esta empresa, que, persiguiendo el bien común, alcanzará, con la ayuda de Dios, la plena recuperación nacional.

Jorge Rafael Videla – Teniente general, comandante general del Ejército.

Emilio Eduardo Massera – Almirante, comandante general de la Armada.

Orlando Ramón Agosti – Brigadier general, comandante general de la Fuerza Aérea.

Buenos Aires, 24 de marzo de 1976.

Fuente:

  • Troncoso, Oscar. Cronología y documentación. El proceso de reorganización nacional/1. (De marzo de 1976 a marzo de 1977). Centro Editor de América Latina . Bs. As. 1986.
  • Galasso, Norberto. Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Editorial Colihue. Bs. As. 2012.

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