A DÍAS DE LAS PASO: HABLA DON HIPÓLITO YRIGOYEN

Este texto fue escrito por Hipólito Yrigoyen en 1923 para reafirmar los principios doctrinarios de la Unión Cívica Radical, cuando ejercía la presidencia Marcelo T. de Alvear —también radical—, enfrentado con su conductor. Sin embargo, no circuló en su momento, y el propio Yrigoyen lo entregó al doctor Horacio Oyhanarte en 1930, un vez que había sido depuesto del poder.

(…) La Reparación es un imperio de la dignidad argentina. Pero un imperio que se afirma y robustece en la aplicación y desarrollo de las fuerzas del espíritu. No fue, no pudo ser nunca, en su gestación originaria una confabulación de egoísmos, de intereses pequeños, de ambiciones bastardas o de ansias de poder. Fue, en cambio, una gran cruzada que emprende la argentinidad para retomar la marcha perdida de su tradición histórica, que viene de Mayo.

Fue, asimismo, acción revolucionaria que, al mismo tiempo que se propone conservar las virtudes esenciales de la raza, en el ejercicio activo de prácticas cívicas idealistas y regeneradoras, se les iba formando una conciencia clara de sus deberes a los ciudadanos, y haciéndoles responsables del destino de la Nación. Por ello, sus fundamentos dogmáticos y sus principios éticos deben difundirse sistemáticamente en el ámbito del país y bajo los auspicios de la más alta razón de Estado.

Se pretende a todo trance, por intermedio de confabulaciones inauditas, desviar la orientación de las soluciones sancionadas por el pueblo argentino, para convertirlas en fórmulas contraproducentes de oprobio y atraso. Si ello pudiera suceder caeríamos —lo afirmo una vez más—, en las más impudentes regresiones que de nuevo entregarían el país a las contingencias del pasado ominoso, desde que de todas partes se veía aparecer el recrudecimiento de las dolorosas prácticas abatidas, y ocupar posiciones estratégicas a las fuerzas del privilegio. No es posible admitir que la causa del honor nacional y el destino de los argentinos, se deriven a una declinación en la cual se llegarían a confundir con las anormalidades de una época nefasta ya superada.

Sería un verdadero sacrilegio, en contradicción con los lineamientos rectores de la obra de la U. C. Radical, y con la altura del ideal que estuvo revestida, y no estaría en concordancia con el heroico esfuerzo realizado por la ciudadanía para su conquista. La empresa formidable de la Reparación quedaría trunca y quién sabe qué extravíos y horas amargas le esperan al pueblo de los argentinos.

(…) La regeneración reclamada y alcanzada por todo el país es incompatible con el predominio de las oligarquías que si tuvieran en sus manos los resortes de poder y la impunidad de los poderes nacionales, se afianzarían en sus sistemas de fuerza y regresión.

El fraude, la violencia, el dolo, la agresión armada, los ultrajes a la ciudadanía y la torpe burla de la ley serían los medios activos que concurrirían para oponerse a la Reparación sancionada por el pueblo argentino, y se habría consumado, así, una estafa siniestra al destino de la República Argentina.

En tal situación, la voz del deber llama a todos los ciudadanos a rodear la bandera de la patria, y prestar a la acción reivindicatoria el apoyo de su esfuerzo y de su entusiasmo, en tanto que los gobiernos hacen cuanto pueden por desdorar su representación y suscitan resistencias y cometer excesos que tienden cada vez más a trastornar la tranquilidad del país.

Por eso, los momentos presentes tienen un valor decisivo para el destino de la República, que puede terminar con la redención de la patria, o de lo contrario, caer ignominiosamente bajo el imperio nefasto de la opresión.

La Nación no debe declinar por ninguna consideración de la frustración del ejercicio pleno de la soberanía. Ella se congregó para restablecer los principios que fundamentan su existencia y que jamás deben transigir en la consumación de las insidiosas tentativas que anularían sus sanciones y malograrían su vida institucional.

Si se llegara a olvidar los propios credos, se caería en adaptaciones retrógradas con las declinaciones consiguientes de su carácter y su conducta. Por eso, la ventura y prosperidad, la atmósfera de libertad que tanto bien hace a la salud del pueblo, tuvieron real vigencia en el momento mismo de la restauración del ejercicio de la soberanía, y convirtieron la heredad patria en auténtica tierra de promisión para todos los doloridos del mundo, que pudieron darse a la tarea noble, mancomunados con los hijos del propio predio, de realizar la grandeza de la Nación.

Debemos ir hasta el fin, con la urgencia con que los acontecimientos se vayan desarrollando para mantener a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones frente al derecho común y ante el ejercicio de la soberanía. Es preciso no olvidar, en estos momentos solemnes de la vida de la República, que un golpe de timón equivocado dado a la nave del Estado bastaría para cambiar el rumbo de las direcciones nacionales, y hundirnos para mucho tiempo, quién sabe en qué extravíos y en qué horas de trágicas zozobras.

(…) La U. C. Radical es —lo reitero, finalmente—, la patria misma. Movimiento de opinión nacional que enraíza en los orígenes de Mayo. Nunca doctrina alguna se consubstanció tan hondamente con el espíritu y los anhelos de una raza, manteniendo intactas las mejores tradiciones de su historia.

Yo puedo afirmar, con verdad meridiana, que es la existencia misma de la República, y por eso, prenda segura de trabajo, de paz, de libertad, de progreso y de justicia. Dios depare al pueblo argentino, la ventura y la riqueza que merece, y que no decline nunca de la jerarquía espiritual que hoy representa, como una de las naciones más soberanas y generosas de la Tierra”.

Buenos Aires, 1923.

Hipólito Irigoyen.

Fuente:

  • Yrigoyen, Hipólito. Mi vida y mi doctrina. Ediciones elaleph.com. 2000.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *