AL ODIO SE LO ENFRENTA CON LA DIGNIDAD DEL PUEBLO

El médico Raúl Antonio Mendé fue ministro de Asuntos Técnicos del gobierno de Juan D. Perón, entre 1949 y 1955 cuando fue encarcelado por el golpe de estado que derrocó al gobierno constitucional. Luego de casi dos años preso, se exilió en Paraguay y falleció el 3 de diciembre de 1963 en la ciudad de Buenos Aires.

Cuando salió de la cárcel, escribió el libro A veces… el que pierde,  gana. Notas y Apuntes,  en el que afirmó:

“En la prisión, conviviendo con hombres del pueblo, he llegado a la conclusión de que ningún insulto de la oligarquía o de sus personeros de la intelectualidad mercenaria los afecta demasiado. Pero hay una excepción: que se acuse al pueblo de haber estado con Perón por ´razones de estómago o de bolsillo´ y de seguir siendo peronista, pensando en las ´prebendas y privilegios´ del regreso.

(…) Mientras tanto, desde el poder usurpado, Rojas y Aramburu y todos los miembros de la Junta Consultiva, con alguna muy rara excepción, y todos los interventores de los gremios obreros, con  menos excepciones aún, proferían la acusación con todos los tonos del desprecio: ´añoran los tiempos fáciles… Las prebendas que perdieron… Pueblo sin disciplina y sin ideales… Pueblo que ha paladeado los frutos prohibidos´.  Lo leíamos en los diarios y en los libros de ´nuestras editoriales´ encadenadas a la dictadura.

Nunca vi tanto furor en aquellos hombres jóvenes y maduros del pueblo, capaces de aguantarlo todo en la persecución del odio, pero que, sin embargo, lloraban de rabia cuando aquellos insultos les pegaban en el corazón como látigos de fuego. De esta categoría de hombres está lleno el pueblo argentino. Hay millones. Son más peronistas ahora que antes. ¡Ahora, que ser peronista es un riesgo que puede resultar muy caro! Y lo son, por una razón fundamental que no se puede medir en dinero ni en pan, ni en índices sobre costo de la vida o sobre salarios reales.

Grave error de la ´dictadura libertadora´, mucho más grave que las mismas injusticias decretadas contra el pueblo, fue sin duda tratar a sus hombres y mujeres como si careciesen de toda dignidad humana. ¡Como animales en recua! Pero es que la oligarquía duda, incluso en teoría (y no digamos en la práctica) de que los trabajadores, los ´cabecitas negras´, los descamisados, los ´grasitas´, los obreros y las sirvientas sean hijos de Dios… ¡del mismo Dios que sus hijos…!

Si algo hundió sus raíces en la tierra argentina de manera no desarraigable, de todo cuanto sembró Perón, es la conciencia de la propia dignidad personal que,  por la suma de las unidades individuales, lleva a la conciencia social y gremial, cívica y nacional, una dignidad que se llama Pueblo”.

Fuente:

  • Mendé, Raúl A. A veces… el que pierde, gana. Notas y apuntes. Asunción del Paraguay, febrero de mayo de 1958.. Instituto Nacional Juan D. Perón. Bs. As. 2010.

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