ALBERDI: CADA MODELO DE PRENSA VA UNIDO A UN MODELO DE GOBIERNO

 

Inauguramos este espacio de Reportajes a la Historia en la semana en que se conmemora el Día del Periodista. Por eso, el entrevistado es el doctor Juan B. Alberdi quien, en 1852, mantuvo un debate con Domingo F. Sarmiento sobre la prensa. Las respuestas de Alberdi son textuales y no se ha modificado ninguna parte de su contenido.

Presente de la Historia: Estamos en una época en la que se habla de refundar la República, de renovar la manera de hacer política, pero muy pocos hablan de renovar al periodismo.

Alberdi: La vida en paz pide una prensa de paz, y la prensa de paz pide escritores nuevos, inteligentes en los intereses de la paz, acostumbrados al tono de la paz.

Presente de la Historia: Durante mucho tiempo la prensa ocupó el lugar  de la justicia en cuanto a denuncias e investigaciones. Y tanto estuvo en ese lugar, que hoy no queda muy claro cuál es su límite.

Alberdi: La prensa periódica, lejos de ser escuela de hombres de estado, es ocupación en la que se pierden las cualidades para serlo. La razón es obvia, la reserva, la meditación detenida, la espera, que son las cualidades del estadista, serían la ruina de un periodista que tiene que pensar al paso que escribe por no decir después. (…) No hay dos justicias, dos legalidades, dos probidades en la práctica del derecho público: una de gobernante, otra de gobernado, no. No pueden ser amigos de la libertad los que ejercen el libertinaje de la Prensa.

Presente de la Historia: Y eso que en su época no existían ni la radio ni la televisión. Hoy es peor, los periodistas tenemos que pensar al tiempo que hablamos, no hay tiempo para reflexionar, pero al mismo tiempo se ejerce un poder muy grande sobre la opinión de la gente.

Alberdi: Apasionar cuestiones que necesitan de la reflexión tranquila es crueldad imperdonable, es vendar los ojos del pueblo para que no vea el camino por dónde debe ir.

Presente de la Historia: ¿Y qué debemos hacer los periodistas a su criterio?

Alberdi: No estoy por el sistema de esos escritores que nada tienen que hacer el día que no tienen qué atacar. La nueva posición del obrero de la prensa es penosa y difícil, como en todo aprendizaje, como en todo camino nuevo.

Presente de la Historia:  ¿Cuál es ese camino?

Alberdi: En la paz, en la era de organización que entra el país se trata ya no de personas, sino de instituciones, se trata de Constitución, de leyes orgánicas, de reglamentos de administración política y económica, de Código Civil, de Código de Comercio, de Código Penal, de Derecho Marítimo, de Derecho Administrativo. La prensa de combate que no ha estudiado ni ha necesitado estudiar estas cosas en tiempos anteriores, se presenta enana delante de estos deberes.

Presente de la Historia: Será por eso que en los últimos tiempos la prensa se dedicó a poner los problemas en algunas personas en vez de tratar de llegar a la esencia, a la raíz de donde vienen nuestros males.

Alberdi: El soldado licenciado de la vieja prensa vuelve con dolor su vista a los tiempos de la gloriosa guerra. La posibilidad de su renovación es un dorado ensueño. De buena gana repondría diez veces al enemigo caído para tener el gusto de reportar otras diez glorias en destruirlo. Pelear, destruir, no es trabajo en él, es hábito, es además oficio que da de vivir como cualquier otro. Es devoción fiel  al antiguo oficio, es vocación invencible otras veces, es toda una educación finalmente.

Presente de la Historia: Bueno, tampoco le echemos tanta culpa a la prensa, miremos también a los demás sectores.

Alberdi: La prensa, como espejo que refleja a la sociedad de que es expresión, presenta todos los defectos políticos de sus hombres. (…) No podrán respetar la persona, el hogar, la vida privada, como ministros de Estado, los que atropellan criminalmente por la pluma siendo particulares. No pueden realzar el Poder quienes prostituyen la Prensa a la detracción culpable. ¿Podría respetar la vida como gobernante el que descuartiza el honor como aspirante al Gobierno? ¿Podrá sufrir la oposición como ministro el que  no puede soportarla como ciudadano? Los que imponen su opinión, su nombre, su persona con vara de hierro, ¿respetarían como ministros las opiniones ajenas? El que no teme la opinión cuando aspira, ¿la temería estando en el Poder?

Presente de la Historia: Exactamente, y uno de esos defectos es que nos cuesta tolerar al que piensa diferente y de eso tampoco la prensa escapa.

Alberdi: Viene forzosamente en adelante la vida representativa y de libre discusión. Habrá división de opiniones, habrá debates, habrá todo esto porque todo esto constituye la vida de libertad. Y ¿qué piensa hacer la vieja prensa en este tiempo? Piensa siempre llamar venal, corrompido, servil al escritor o al orador que no vea las cosas de la misma manera? No teniendo el don de la infalibilidad, ¿pensará siempre sacarlos a la vergüenza pública, ponerlos en la picota, flagelarlos por la espalda según las leyes de Felipe II y de la Inquisición por el crimen de tener una opinión diferente?

El Presente de la Historia: Usted entró en un punto que nos cuesta mucho resolver y es ¿cuál es el límite entre la libertad de prensa y el respeto por las personas?

Alberdi: La libertad de la prensa tiene dos enemigos capitales: el tirano y el detractor, o más bien uno solo, porque el detractor no es más que el tirano desarmado.

El Presente de la Historia: ¿Usted dice que hay tiranos en la Prensa?

Alberdi: ¿Qué es el detractor? El que rompe la ley con su pluma infligiendo por sí la infamia que el juez sólo puede imponer en nombre de la ley. El tirano no hace otra cosa con la espada. El detractor, como el tirano, degüella créditos sin juicio ni proceso, es un vándalo de tinta y papel.

El Presente de la Historia: Es muy duro lo que usted dice.

Alberdi: A cada modelo de prensa va unido un modelo de gobierno. La violencia es una sola: se llama detracción en la prensa y tiranía en el gobierno. Vanidad es confundir la prensa con la libertad. (…) El atentado en la palabra es precursor del atentado en la acción; el libelista es precursor del insurrecto, heraldo del desorden  centinela avanzado del despotismo. Es el mismo ente con distintas armas, según los tiempos. (…)  Esa prensa cree que un adjetivo es un argumento y que un ultraje es una razón, que la fuerza del escritor está en el dicterio y que cuanto más grita más persuade, esa prensa cree que hoy puede escandalizar a la sociedad y mañana convertirse en cátedra de moral política, que hoy puede dar un curso de insurrección y mañana un curso de indisciplina. Cree poder merecer la opinión de probidad, ejerciendo al mismo tiempo la calumnia y la injuria, como si estos dos actos perteneciesen a las bellas artes y  no al Código Penal, cree que hay talento en emplear el lodo, que toda victoria y toda arma es lícita y no sabe que hay triunfos mal habidos como hay reputaciones usurpadas. Y triunfar por la calumnia es triunfar para un día.

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Fuente:

  • Alberdi, Juan Bautista. Cartas sobre la prensa y la política militante de la República Argentina. Editorial Luz del Día. Bs. As. 1954.

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