CONGRESO DE LA LENGUA ESPAÑOLA: ¿IGNORANCIA O MENTE COLONIZADA?

El sábado pasado finalizó el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española, el mismo que el presidente inauguró planteando: “Imaginemos si acá los argentinos hablásemos argentino y los peruanos, peruano; y los bolivianos, boliviano, y necesitásemos traductores para hablar con los uruguayos”. Este planteo que provocó cantidad de memes y chistes en las redes, no se trató de los habituales dislates al estilo de “hay lugares donde sobra el agua, y hay otros en los que falta”; o “el mar es inmenso y el submarino es muy pequeño”. No. Significó la mejor expresión de una mentalidad colonizada que, después de más de cinco siglos, sigue agradeciendo al conquistador haber dilapidado la diversidad y riqueza de los pueblos de este continente, al mismo tiempo que continúa despreciando las culturas originarias que aún permanecen.

Porque cuando los conquistadores españoles llegaron a estas tierras nadie de los que aquí vivían hablaba castellano, y el idioma fue una de las principales herramientas que el Reino de España utilizó para someter a estos pueblos junto con la religión católica.

Juan de Oviedo, quien viajó en una de las expediciones, relató cómo se iniciaba la conquista. En cuanto desembarcaban les leían en castellano a los pobladores una proclama que decía: “Caciques e indios de esta tierra firme, de tal pueblo, hacemos os saber que hay un Dios, y un Papa, y un Rey de Castilla, que es señor de estas tierras, venid luego a darle obediencia, y si no, sabed que os haremos guerra, mataremos y capturaremos”.

Es claro que los habitantes americanos no entendían lo que se les decía. Pero si tenían algún intérprete, podían responder. Oviedo aseguró que en el desembarco en Santa Marta le dijeron: “Que en lo que decía que no había sino un Dios y que este gobernaba el cielo y la tierra y que era señor de todo, que les parecía bien y que así debía ser, pero en lo que decía que el Papa era Señor de todo el universo en lugar de Dios, y que él había hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla, dijeron que el Papa debiera estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo que no era suyo; y que el Rey que pedía y tomaba tal merced, debía ser algún loco, pues pedía lo que era de otros”.

Las rebeliones de los pobladores originarios se sucedieron desde la revuelta  mapuche de 1553, liderada por Lautaro en el sur, hasta la conducida por Túpac Amaru II en 1780 en lo que hoy es territorio de Perú, Bolivia y el norte de Argentina. Y también ellos usaban el idioma como herramienta para resistir.

En la sentencia que dictó el visitador general José Antonio Areche, el 15 de mayo de 1781, luego de derrotar a Túpac Amaru II, además de decretar su muerte por descuartizamiento y también la de sus parientes, entre ellos a su esposa Micaela Bastidas y a su hijo, dispuso la obligatoriedad de que hablaran la lengua castellana. Y aclaró que era para que “estos indios se despeguen del odio que han concebido contra los españoles”. Les dio cuatro años para que la hablaran perfectamente o de manera que pudieran explicarse en todos sus asuntos, y ordenó a los obispos y corregidores que premiaran y distinguieran a aquellos pueblos que así lo hicieran.  Pese a la brutalidad de la sentencia no tuvo demasiado éxito. La rebelión continuó todavía un año más y los pueblos continuaron manteniendo sus lenguas.

Una vez producida la Revolución de Mayo, en 1810, los pueblos originarios continuaron usando sus propios idiomas. Una prueba de ello es que cuando la Asamblea del año XIII aprobó la ley de la libertad de vientres, la mita y el yanaconazgo con que se continuaba oprimiendo a los pobladores originarios del norte, se la tradujo al quechua para que esos pueblos pudieran entenderla. Y lo mismo sucedió cuando se declaró la Independencia en Tucumán en 1816. El Congreso ordenó hacer copias del acta en quechua, aymara y guaraní aunque estas últimas no se enviaron porque Buenos Aires estaba en conflicto con el litoral entonces liderado por José Gervasio de Artigas. Cuando el general José de San Martín declaró la independencia del Perú también el acta fue traducida al quechua.

En la actualidad, el 46% de los bolivianos hablan en aymara, quechua y guaraní además del castellano. En Perú, el quechua es la segunda lengua oficial y cerca de medio millón de peruanos hablan el aymara. En la Argentina se hablan hoy unas 15 lenguas originarias, entre ellas  aymara, ava-guaraní, chané, chorote, churupí, guaraní, mapudungún, mbyá-guaraní, mocoví, pilagá, qom, quechua, tapiete, vilela y wichi.

De la misma manera que en 6 de las 17 comunidades autónomas de España se habla otras lenguas: catalán en Cataluña y las Islas Baleares, gallego en Galicia y euskera en el País Vasco y una parte de Navarra. Y los españoles también debieron resistir manteniendo esos idiomas cuando el dictador Francisco Franco prohibió su uso en la vida pública, hasta que con la llegada de la democracia la Constitución de 1978 las reconoció como lenguas cooficiales.

El presidente debió preguntarle al “querido rey” qué pasa en su propia tierra con las lenguas. Porque no se trata de ahorrar en traductores, se trata de celebrar la diversidad y respetar la identidad de nuestros pueblos.

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