CRECE LA GRIETA: EL PRESIDENTE CELEBRÓ QUE NO HUBO COLECTIVOS NI CHORIPÁN

Tras la marcha organizada en favor del gobierno el sábado pasado, el Presidente Mauricio Macri escribió en su twitter: “Que emocionante lo que acaba de pasar en todo el país, qué lindo. Que creamos que tenemos un futuro por construir. Que juntos vamos a generar las oportunidades de progreso para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Lo expresamos desde el corazón, espontáneamente, sin que haya habido colectivos ni choripán”. Sin advertir, tal vez porque pocos se lo recuerdan, que es el presidente de todos los argentinos y que en las pasadas elecciones ganó por apenas 600 mil votos, estas expresiones ahondan aún más la “grieta” que el partido gobernante prometió zanjar.  

En este sentido, el famoso debate entre Domingo F. Sarmiento y Juan Bautista Alberdi puede aportar algunas ideas. En 1852, para derrocar a Juan Manuel de Rosas, el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza reunió un enorme ejército con el apoyo del Imperio del Brasil y de las fuerzas del Uruguay. Lo derrotó en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de ese año. El triunfo fue saludado por los unitarios, pero pronto los porteños se enfrentaron con Urquiza que intentaba una organización nacional que otorgara igualdad a las provincias. Durante  diez años, Buenos Aires permaneció separada del resto de la Confederación bajo el liderazgo de Bartolomé Mitre.

En 1853, Alberdi y Sarmiento, ambos en Chile, militaban en bandos contrarios. Uno por las provincias, el otro por Buenos Aires, entablando un debate conocido como Cartas Quillotanas y Las Ciento y Una, escritas desde Quillota por Alberdi y desde Yungay por Sarmiento.

Fue entonces cuando Alberdi escribió: “Se debe establecer como teorema: toda postergación de la Constitución es un crimen de lesa patria, una traición a la República. Con caudillos, con unitarios, con federales, y con cuanto contiene y forma la desgraciada República, se debe proceder a su organización sin excluir ni aún a los malos, porque también forman parte de la familia. Si establecéis la exclusión de ellos, la establecéis para todos, incluso para vosotros. Toda exclusión es división y anarquía. ¿Diréis que con los malos es imposible tener libertad perfecta? Pues sabed que no hay otro remedio que tenerla imperfecta y en la medida que es posible al país tal cual es, y no tal cual no es”.

Después, agregó: “El día que creáis destruir, suprimir al gaucho porque no piensa como vos, escribís vuestra propia sentencia de exterminio y renováis el sistema de Rosas. Si tenemos derecho para suprimir al caudillo y sus secuaces porque no piensan como nosotros, ellos le invocarán mañana para suprimirnos a nosotros porque no pensamos como ellos. (…) No hay más que un medio de admitir los principios y es admitirlos sin excepción para todo el mundo, para los buenos y para los pícaros. Cuando la iniquidad quiere eludir el principio, crea distinciones y divisiones; divide a los hombres en buenos y en malos, da derechos a los primeros y pone fuera de la ley a los segundos y por medio de ese fraude funda el reinado de la iniquidad que mañana concluye con sus autores mismos. Dad garantías al caudillo, respetad al gaucho si queréis garantías para todos”.

Y en referencia a la prensa de aquel tiempo, que se ensañaba en contra de Rosas y de sus partidarios, Alberdi agregó: “La Prensa que subleva las poblaciones argentinas contra sus autoridades de ayer, haciéndoles creer que es posible acabar en un día con esa entidad indefinible, y pretende que con sólo destruir a éste o a aquel jefe es posible realizar la república representativa desde el día de su caída, es una prensa de mentira, de ignorancia y de mala fe: Prensa de vandalaje y de desquicio, a pesar de sus colores y sus nombres de civilización”.

Por último, Alberdi sostuvo: “Viene forzosamente para en adelante la vida representativa y de libre discusión; habría divisiones de opiniones, habrá lucha, habrá debates más ardientes que nunca, porque serán más libres; habrá todo eso, porque todo eso constituye la vida de libertad y una condición de toda sociedad de hombres. ¿Qué piensa hacer la vieja Prensa en ese tiempo? ¿Piensa siempre llamar venal, corrompido, servil al escritor o al orador que por desgracia no vea las cosas como las ve el antiguo combatiente contra Rosas? No teniendo don de infalibilidad, es creíble que encuentre a menudo preopinantes de honor y de capacidad: ¿pensará siempre sacarlos a la vergüenza pública, ponerlos en la picota, flagelarlos por la espalda, según las leyes de Felipe II y de la Inquisición, por el crimen de tener una opinión diferente? (…) Tenemos la costumbre de mirar la Prensa como terreno primitivo de la libertad, y a menudo es refugio de las mayores tiranías, campo de indisciplina, de violencia y de asaltos vandálicos contra todas las leyes del deber. La Prensa, como espejo que refleja la sociedad de que es expresión, presenta todos los defectos políticos de sus hombres”.

Pero las razones de Alberdi no fueron atendidas, y el enfrentamiento se resolvió con el exterminio de una de las partes. Fue después de la batalla de Pavón, el 17 de septiembre de 1861, cuando el ejército porteño liderado por Mitre se enfrentó al de las provincias al mando de Urquiza. Este último triunfó en el campo de batalla, pero decidió retirarse. El camino de Mitre quedó libre y en pocos meses los gobernadores federales fueron derrocados, menos Urquiza que gobernaba a Entre Ríos. Poco después, Mitre fue elegido presidente por elecciones organizadas por los nuevos gobiernos, con los federales proscriptos.

Los porteños habían triunfado, y los caudillos del interior que se opusieron a la nueva organización del estado fueron aniquilados. Entonces, no sólo no cerraron la “grieta” sino que la ahondaron tanto que parece que llega hasta el presente.

 

Fuentes:

 

  • Alberdi, Juan B. Cartas sobre la prensa y la política militante. Editorial Luz del Día. Bs. As. 1954.

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