CUANDO LOS RECURSOS DEL ESTADO SE USAN PARA EVITAR EL ATAQUE DE LOS MEDIOS

El Ente Nacional de las Comunicaciones (ENACOM) aprobó la fusión entre Cablevisión y Telecom, una movida que le permitirá al Grupo Clarín proveer y controlar los servicios de telefonía e internet fija y móvil y de radiodifusión. De esta manera el actual gobierno se sumó a la serie de “favores” que casi todas las administraciones le brindaron a ese grupo con la ilusión de recibir a cambio el apoyo incondicional a sus gestiones, cosa que sucedió solo hasta el momento de haber recibido el beneficio.

La dictadura cívico-militar le entregó Papel Prensa a Clarín. Raúl Alfonsín le autorizó la posesión de Radio Mitre. Carlos Ménem le dio Canal 13 y el negocio de la TV por cable, sobre todo en el interior del país. Fernando De la Rúa le facilitó la reforma de la Ley de Radiodifusión y el Plan Nacional de Televisión por el que pudo adquirir radios y canales de TV abierta en las provincias. Eduardo Duhalde le licuó una millonaria deuda en dólares con la devaluación y además impulsó la Ley de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales, por la cual lo salvó de ser enajenado por acreedores extranjeros. Néstor Kirchner firmó el decreto que avaló la fusión de Multicanal con Cablevisión. Cristina Fernández de Kirchner lo enfrentó con la Ley de Medios Audiovisuales y ahora está pagando el atrevimiento.

La historia de la transferencia de recursos del Estado a grupos mediáticos no es nueva, y un maestro en la cuestión fue Bartolomé Mitre, cuyo diario La Nación aún pervive y no casualmente es socio en Papel Prensa con el Grupo Clarín.

Mitre contaba con experiencia en la conducción de medios periodísticos. Había trabajado en El Nacional y en Los Debates, y en otros diarios en Chile y Bolivia. Además, como gobernador de Buenos Aires supo manejar el presupuesto de apoyo a los periódicos. Tras el triunfo en la batalla de Pavón, en 1861, con la fuerza militar en su poder y su ascenso a la presidencia de la Nación un año después, se dedicó a anular en las provincias la influencia de la prensa favorable al Partido Federal y promover a periódicos que favorecían al Partido Nacional que él conducía, con apoyo estatal y hasta con la provisión de imprentas incautadas el enemigo.

Siendo presidente gestionó la publicación del diario La Nación Argentina, que contó con el apoyo económico estatal en el inicio, la compra de parte de la edición como subsidio explícito, además de facilidades en la distribución en las provincias. El director y redactor principal fue Juan María Gutiérrez, quien además era su secretario. A partir de 1867 se sumó en Buenos Aires El Inválido Argentino, un semanario que apoyaba las iniciativas del Partido Nacional en la ayuda a los inválidos de la Guerra del Paraguay, dirigido por el joven militante del Partido Nacional, José C. Paz. Ambas publicaciones contaron con el apoyo sistemático del estado, facilidades en los dispositivos de comunicación como las líneas telegráficas y ferroviarias, además de corresponsalías en el interior, lo que las hacía imbatibles frente a cualquier competencia.

Cuando finalizó su presidencia en 1868 y su partido fue derrotado en esas elecciones, se dedicó a preparar una artillería periodística para oponerse al nuevo gobierno de Domingo F. Sarmiento, y que fuese capaz de sobrevivir en el llano y competir con los diarios El Nacional y La Tribuna que iban a contar con el nuevo apoyo estatal. En ese año El Inválido Argentino dejó de publicarse y se transformó en el diario La Prensa, también dirigido por Paz.

El 12 de octubre de 1868, Mitre traspasó el mando a Sarmiento y en pocas semanas un grupo de amigos recolectó dinero para comprarle una casa que aún permanece en la calle San Martín 344 de la Ciudad de Buenos Aires, donde funciona el museo con su nombre. Un año más tarde, ese mismo grupo constituyó la Sociedad Anónima que dio nacimiento al diario La Nación, en base a La Nación Argentina. El presidente Sarmiento calificó este hecho como “un acto obsceno de corrupción” porque esos amigos y ahora socios habían sido responsables de las compras del Ejército durante la presidencia de Mitre, además de proveedores durante la Guerra del Paraguay, algunos de ellos también ministros y secretarios de su gabinete. Es decir, La Nación fue posible por la enorme transferencia de recursos del estado. Lo mismo sucedió con La Prensa, que apareció el 18 de octubre de 1869, poco antes que La Nación, edificada sobre la estructura de El Inválido Argentino, usando a los mismos suscriptores y avisadores.

Julio Moyano lo explica muy bien en su investigación Tres modelos en la construcción estatal de la prensa periódica argentina: “El proceso de transferencia es análogo: comienzo estatal dirigido por un cuadro de la elite mitrista (José C. Paz), crecimiento patrimonial abrupto de dicho cuadro, crecimiento simultáneo de su red de contactos, de contratantes de avisos y de suscriptores, utilización de la misma imprenta que El Inválido Argentino, y contacto decisivo de Paz con el Club del Progreso, articulación de intereses, de propiedades, de roles en el estado y de negocios particulares. (…) De este modo, la poderosa transferencia de recursos, eficientemente lograda en el final de la presidencia de Mitre, más la fuerte incubación preparada durante dicho período, permitieron a los dos diarios opositores mitristas, a partir de 1870, persistir en la publicación a pesar de hallarse fuera de los cargos en el Poder Ejecutivo y, por ende, no recibir amparo del Estado, hasta que, pocos años más tarde, el aumento exponencial del mercado de avisos y de lectores permitiese a los grandes diarios no sólo sobrevivir sin necesidad de recurrir al Estado sino, incluso, transformarse en grandes y en muy prósperas empresas”.

Fuentes:

 

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