DECRETO 638: “LA GUERRA CIVIL REPUGNA AL BUEN SOLDADO”

El Presidente Mauricio Macri firmó el decreto 683/2018  que modifica el 727/2006  de Néstor Kirchner, que garantizaba el uso de las Fuerzas Armadas únicamente para ataques externos perpetrados por otros Estados.

Con el argumento de “nuevas amenazas”, el gobierno modificó el artículo principal para permitir que las tropas militares sean empleadas “ante cualquier otra forma de agresión externa”, incluyendo la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. De esta manera, modifica la Ley de Defensa Nacional,  promulgada en 1988 por Raúl Alfonsín, que finalizó con la intervención de los militares en la seguridad interna después de que, desde 1930, los argentinos fueran perseguidos y reprimidos por las fuerzas militares, con la conclusión de la última dictadura de la que quedó un saldo de cientos de muertos y 30 mil desaparecidos y cuyos responsables aún están siendo juzgados.

Hace casi dos siglos, cuando todavía se luchaba en la guerra por la Independencia, el director supremo José Rondeau ordenó al Ejército del Norte, comandado por Manuel Belgrano,  y al Ejército de Cuyo a las órdenes de José de San Martín que abandonaran la lucha en contra de los españoles para combatir en contra de los caudillos que se oponían a la Constitución sancionada en 1819 porque desconocía a las autonomías provinciales.  Además, el gobierno del Directorio también recibía el rechazo de la población porque había emprendido negociaciones con Francia para instaurar al Príncipe De Luca como monarca en el Río de la Plata.

San Martín presentó su renuncia y como no se la aceptaron decidió desobedecer para continuar la campaña libertadora al Perú. Sin apoyo desde Buenos Aires, proclamó a su ejército: “La guerra la tenemos que hacer del modo que podamos. Si no tenemos dinero, carne y un pedazo de tabaco no nos han de faltar. Cuando se acaben los vestuarios nos vestiremos con las bayetitas que trabajen nuestras mujeres, y si no andaremos en pelotas como nuestros paisanos los indios. Seamos libres, que lo demás no importa nada”.

Belgrano obedeció y ordenó al ejército emprender la marcha. El general José María Paz era entonces un oficial que revistaba a sus órdenes, y él mismo contó en sus Memorias cómo fue que las fuerzas se negaron a combatir en contra de sus paisanos y se sublevaron en la Posta de Arequito, el 5 de enero de 1820:

“La guerra civil repugna generalmente al buen soldado, y mucho más desde que tiene al frente un enemigo exterior y cuya principal misión es combatirlo. Este es el caso en que se hallaba el ejército, pues que habíamos vuelto espaldas a los españoles para venirnos a ocupar de nuestras querellas domésticas. Y a la verdad, es sólo con el mayor dolor que un militar, que por motivos nobles y patrióticos ha abrazado esa carrera, se ve en la necesidad de empapar su espada en sangre de hermanos”.

Después agregó: “Digalo el general San Martín, que se propuso no hacerlo y lo ha cumplido. Aún hizo más en la época que nos ocupa; pues, conociendo que no podría evitar la desmoralización que trae la guerra civil, procuró sustraer su ejército al contagio, desobedeciendo las órdenes del Gobierno, que le prescribían que marchase a la capital. Únicamente perdió el hermoso batallón número 1, que estaba de este lado de los Andes; y los Granaderos a Caballo, que estaban en Mendoza, sólo fue a duras penas que llegaron a Chile. Si el general San Martín hubiese obrado como el general Belgrano, pierde también su ejército y no hubiera hecho la gloriosa campaña de Lima, que ha inmortalizado su nombre”.

Sobre Belgrano afirmó que “no gustaba de esta guerra, y quizás la enfermedad que apresuró sus días provino del disgusto que le causaba tener que dirigir sus armas contra sus mismos compatriotas”. Fue así que delegó el mando en el general Cruz, jefe de su estado mayor, y se retiró a Tucumán. Finalmente sus tropas se sublevaron y relató Paz que cuando “al rayar la aurora vino un ayudante del General en jefe a preguntar qué movimiento era aquel y de orden de quien lo habían ejecutado, la contestación fue que aquellos cuerpos no seguirían haciendo la guerra civil y que se separaban del ejército”. Así fue que cayó el gobierno del Directorio que no contaba con el apoyo popular y tampoco con la obediencia de un ejército que se negó a matar a sus hermanos.

Será por eso que al Directorio se lo responsabilizó por la anarquía desatada entonces en estas tierras. A los generales San Martín y Belgrano se los recuerda como a los padres de la Patria y hoy ocupan las páginas más gloriosas de la historia argentina. En cambio, los generales que durante el siglo XX se ocuparon de reprimir a la propia población son recordados como genocidas y terminaron en la cárcel sentados en un inodoro.

Fuentes:

  • https://www.boletinoficial.gob.ar/#!DetalleNorma/188532/20180724
  • Paz, José María. Memorias Póstumas del General José María Paz. Anotadas por el Teniente Coronel Juan Beverina. Tomo I. Biblioteca del Oficial. Buenos Aires. 1924.
  • Rosa, José María. Historia Argentina. La Independencia (1812-1826). Editorial Oriente. Buenos Aires. 1979.

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