DENUNCIA CONTRA EL FISCAL STORNELLI: SILENCIO EN LA NOCHE DE CLARÍN Y LA NACIÓN

​El silencio de los principales medios de comunicación sobre la denuncia contra el fiscal Carlos Stornelli, quien habría pedido coimas para no encarcelar a un empresario en la causa de las fotocopias de los cuadernos, merece figurar en los anales del periodismo nacional. La investigación realizada por el periodista Horacio Verbitsky cuenta con el respaldo de pruebas contundentes como fotos, mensajes telefónicos, audios y videos. Pero para los supuestos defensores de la República y de las instituciones, los diarios Clarín y La Nación y sus canales de televisión y sus radios, una denuncia tan grave parece no existir. Es claro que se trata de un silencio pagado. Hagamos un rápido recorrido reciente.

​La dictadura cívico-militar de 1976 les entregó Papel Prensa con vidas y torturas de por medio. Raúl Alfonsín le autorizó a Clarín la posesión de Radio Mitre. Carlos Menem le dio Canal 13 y el negocio de la TV por cable, sobre todo en el interior del país. Fernando De la Rúa le facilitó la reforma de la Ley de Radiodifusión y el Plan Nacional de Televisión por el que pudo adquirir radios y canales de TV abierta en las provincias. Eduardo Duhalde le licuó una millonaria deuda en dólares con la devaluación y además impulsó la Ley de Preservación de Bienes y Patrimonios Culturales, por la cual lo salvó de ser enajenado por acreedores extranjeros. Néstor Kirchner firmó el decreto que avaló la fusión de Multicanal con Cablevisión. Cristina Fernández de Kirchner lo enfrentó con la Ley de Medios Audiovisuales y ahora está pagando el atrevimiento.

El actual gobierno en una de sus primeras medidas derogó los artículos de esa ley que los obligaba a desprenderse de señales de TV, radios y diarios para evitar el monopolio de la información. En diciembre de 2017, el Ente Nacional de las Comunicaciones (ENACOM) aprobó la fusión entre Cablevisión y Telecom, una movida que le permitió al Grupo Clarín proveer y controlar los servicios de telefonía e internet fija y móvil y de radiodifusión. En enero de este año entró en vigencia la norma que desregula la venta y producción de Papel Prensa luego de que fuera aprobada por el Congreso durante el período de sesiones extraordinarias del año pasado, por iniciativa de los diputados Diego Bossio y Lavagna hijo, con el apoyo del oficialismo.

​Todo esto no es más que la transferencia de los recursos del Estado a esos medios de comunicación. Y no es nuevo. Un maestro en la cuestión fue Bartolomé Mitre, fundador del diario La Nación, aún pervive.

​Mitre contaba con experiencia en la conducción de medios periodísticos. Había trabajado en El Nacional y en Los Debates, y en otros diarios en Chile y Bolivia. Además, como gobernador de Buenos Aires supo manejar el presupuesto de apoyo a los periódicos. Tras el triunfo en la batalla de Pavón, en 1861, con la fuerza militar en su poder y su ascenso a la presidencia de la Nación un año después, se dedicó a anular en las provincias la influencia de la prensa favorable al Partido Federal y promover a periódicos que favorecían al Partido Nacional que él conducía, con apoyo estatal y hasta con la provisión de imprentas incautadas al enemigo.

​Siendo presidente gestionó la publicación del diario La Nación Argentina, que contó con el apoyo económico estatal en el inicio, la compra de parte de la edición como subsidio explícito, además de facilidades en la distribución en las provincias. El director y redactor principal fue Juan María Gutiérrez, quien además era su secretario. A partir de 1867 se sumó en Buenos Aires El Inválido Argentino, un semanario que apoyaba las iniciativas del Partido Nacional en la ayuda a los inválidos de la Guerra del Paraguay, dirigido por el joven militante del Partido Nacional, José C. Paz. Ambas publicaciones contaron con el apoyo sistemático del estado, facilidades en los dispositivos de comunicación como las líneas telegráficas y ferroviarias, además de corresponsalías en el interior, lo que las hacía imbatibles frente a cualquier competencia.

​Cuando Mitre finalizó su presidencia en 1868 y fue derrotado su partido en esas elecciones, se dedicó a preparar una artillería periodística para oponerse al nuevo gobierno de Domingo F. Sarmiento, y que fuese capaz de sobrevivir en el llano y competir con los diarios El Nacional y La Tribuna que iban a contar con el nuevo apoyo estatal. En ese año El Inválido Argentino dejó de publicarse y se transformó en el diario La Prensa, también dirigido por Paz.

​El 12 de octubre de 1868 Mitre traspasó el mando a Sarmiento y en pocas semanas un grupo de amigos recolectó dinero para comprarle una casa que aún permanece en la calle San Martín 344 de la Ciudad de Buenos Aires, donde funciona el museo con su nombre. Un año más tarde, ese mismo grupo constituyó la Sociedad Anónima que dio nacimiento al diario La Nación, en base a La Nación Argentina. El presidente Sarmiento calificó este hecho como “un acto obsceno de corrupción” porque esos amigos y ahora socios habían sido responsables de las compras del Ejército durante la presidencia de Mitre, además de proveedores durante la Guerra del Paraguay, algunos de ellos también ministros y secretarios de su gabinete. Es decir, La Nación fue posible por la enorme transferencia de recursos del Estado. Lo mismo sucedió con La Prensa, que apareció el 18 de octubre de 1869, poco antes que La Nación, edificada sobre la estructura de El Inválido Argentino, usando a los mismos suscriptores y avisadores.

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