DÍA DEL PERIODISTA: UNA COSA ES PROMOVER IDEAS, OTRA ES DEFENDER INTERESES

El próximo 7 de junio se conmemorará el Día del Periodista después de que un Congreso Nacional celebrado en Córdoba en 1938 designara la primera aparición de La Gazeta de Buenos Aires como la fecha para agasajar a quienes trabajan en la prensa.

Este año lo celebramos en medio del escándalo de las escuchas en el que varios periodistas aparecen mezclados con servicios de inteligencia, fiscales, jueces, diputados y políticos varios, dedicados a extorsionar a personas para que declaren en contra de dirigentes opositores. Más que falta de independencia de estos periodistas, estamos hablando de delitos. Y aquí cabe la pregunta: ¿fue independiente la prensa alguna vez?

Y la respuesta es no. Durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, aunque con otras características, el periodismo fue un brazo de la política. Los diarios nacían para respaldar ideas y se transformaban en tribunas en las que los periodistas eran políticos. Tanto quienes integraron la Primera Junta como los presidentes que se sucedieron a partir de Justo José de Urquiza, en 1853, buena parte de ellos ejercieron el oficio de la prensa antes de alcanzar la primera magistratura. Vamos a la historia.

En 1801, se publicó El Telégrafo Mercantil, Rural, Politico, Económico e Historiográfico del Río de la Plata, dirigido por el español Francisco Antonio Cabello y Mesa, con la colaboración de Manuel Belgrano, Domingo de Azcuénaga, José Chorroarín y Juan José Castelli, la mayoría integrante de la Primera Junta. El virrey Joaquín del Pino lo clausuró el 17 de octubre de 1802 por las ideas políticas que difundía, aunque como excusa usó la supuesta procacidad del periódico.

El 1ro. de septiembre de 1802, apareció el Semanario de Agricultura de Hipólito Vieytes, con una serie de notas sobre los últimos adelantos para mejorar la producción del campo. Hablaba de llevar la frontera sur al Río Negro –lo que hizo Julio Argentino Roca a fines de 1870- , que era necesario incrementar la población y proponía la fundación de pueblos fronterizos en los que se establecieran soldados blandengues con sus familias, a quienes debían darles la tierra en propiedad. Se ocupaba de la vida de los campesinos y recomendaba la instalación de telares en los hogares, para que las mujeres y los niños pudieran contribuir con la economía del hogar confeccionando las telas para los vestidos. El Semanario de Agricultura apareció por última vez en 1807.

En marzo de 1810, Belgrano editó el Correo de Comercio, en el que proponía la necesidad de desarrollar una industria propia en el territorio, idea que nada tenía que ver con los planes de la Corona. En torno a este periódico se nuclearon en la jabonería de Vieytes hombres como Mariano Moreno, Cornelio Saavedra, Domingo French y Antonio Berutti, entre otros, el mismo núcleo de donde se generó la Revolución de Mayo.

Cuando el 7 de junio de 1810 apareció La Gazeta de Buenos Aires, con el lema “Sentir lo que se quiere y decir lo que se siente”, lejos de ser independiente funcionó como el Boletín Oficial de la Primera Junta. Allí se publicaban los actos de gobierno y las nuevas ideas que los inspiraban.

Entre 1810 y 1820 nacieron y murieron en el Río de la Plata más de cien publicaciones. Eran hojas libertarias, órganos de opinión política, pasquines diversos, que ninguno podía recibir el adjetivo de independiente.

Después de la batalla de Caseros y del derrocamiento de Juan Manuel de Rosas en 1852, apareció el diario El Nacional de Dalmacio Vélez Sarsfield, luego autor del Código Civil y ministro del Interior de Sarmiento. Fue el principal detractor de Urquiza después de que Buenos Aires rechazó el Acuerdo de San Nicolás y se separó del resto de la Confederación.

En 1867 se publicó La Capital de Rosario, el primer diario noticioso y de interés general. Dirigido por Ovidio Lagos, nació con el objetivo de promover a la ciudad de Rosario como capital del país y oponerse a la hegemonía de Buenos Aires.

Por esa época apareció en Buenos Aires el diario La República, dirigido por el chileno Manuel Bilbao, que fue el primero que usó “canillitas” para vocear las noticias y vender los periódicos. Hasta entonces se hacía por suscripción.

En 1869, José Clemente Paz, presentó el diario La Prensa, con la intención de evitar la politización que existía entre los periódicos de entonces. Pero en 1874 se puso al servicio del levantamiento de Mitre contra el presidente Avellaneda recién electo.

En 1874, apareció el diario La Nación de Mitre, que nació para oponerse a la presidencia de Sarmiento. Fue el primer diario que contó con una red de corresponsales propios y hasta llegó a usar palomas mensajeras para recibir las noticias en tiempos en que el telégrafo comenzaba a funcionar.

En 1881, Manuel Láinez fundó El Diario, dos años después apareció Los Andes de Mendoza, y al poco tiempo se publicó El Día de La Plata. En 1885, Paul Groussac publicó Sudamérica, con la dirección de Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña, y en 1894, apareció Los Principios de Córdoba y La Vanguardia de Juan B. Justo.

También se editaron publicaciones satíricas. En 1863, el primero fue El Mosquito que continuó hasta 1893. En 1880 apareció la revista Caras y Caretas, editada por el español Eustaquio Pellicer, asociado con Bartolomé Mitre y Vedia quien renunció al poco tiempo porque su padre, el ex presidente, consideraba que la publicación era poco seria y podía afectar su imagen. En su lugar, asumió José Sixto Álvarez, conocido como Fray Mocho.

Es claro que la prensa nunca fue independiente. Lo que la historia nos demuestra es que una cosa es promover ideas y otra muy diferente es defender intereses y ni qué hablar sobre cometer delitos para alcanzarlos.

Fuentes:

  • Moreno, Mariano. Escritos Políticos y Económicos. Ordenado y con un prólogo de Norberto Piñero. Talleres Gráficos Argentinos. L. J. Rosso. Buenos Aires. 1937.
  • Weimberg, Félix. El Periodismo (1810-1852) y Pasquali, Patricia. El Periodismo (1852-1914). Nueva Historia de la Nación Argentina. La configuración de la República Independiente (1810-1814). Academia Nacional de la Historia. Editorial Planeta. Buenos Aires. 1997.

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