LA ESTAFA DE VIDAL EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

La gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal fue denunciada penalmente por la senadora Teresa García después de que la investigación periodística de Juan Amorín revelara que el PRO, fuerza política de la que Vidal es presidenta en la provincia de Buenos Aires, presentó afiliados y aportantes a las campañas políticas de 2015 y 2017 cuyas identidades fueron usurpadas y obtenidas de los listados de beneficiarios de planes sociales. También fueron incluidos los candidatos del PRO de las distintas secciones electorales que ahora admiten que nunca colaboraron con dinero en su propio partido. Como una paradoja, además, ambas campañas estuvieron rodeadas por las constantes denuncias por corrupción de los adversarios que no fueron comprobadas.

Cuenta Félix Luna, en su libro Fuerzas Hegemónicas y Partidos Políticos, que en los tiempos posteriores al derrocamiento de Juan Manuel de Rosas las fuerzas políticas practicaron “las peores costumbres y estilos” que incluían la calumnia y el fraude.

“La documentación periodística y epistolar de la época está llena de estos vicios –afirma Luna–. En lugar de argumentos a favor de las fuerzas propias, la energía de aquellos hombres se derramaba en la difamación del adversario: Sarmiento era un loco, Mitre está tísico, Avellaneda es un afeminado, Alsina pasa la noche en los prostíbulos… De este jaez se llenan las cartas de los políticos, que en buena medida trascienden a las columnas de los periódicos. Todo se personaliza de manera feroz. No es de extrañar el impromptu de Sarmiento cuando en 1873 decía que el lenguaje de la prensa nacional era ‘propio de una cueva de ladrones’ –aunque ciertamente también él incurrió alguna vez en este mismo lenguaje–. La nociva influencia de este estilo canallesco era grande, porque precisamente el lapso que nos ocupa empezó a difundirse la lectura popular de los diarios, que proliferaron en cantidad asombrosa”.

El siguiente vicio que Luna destaca es el del fraude, que comenzaba cuando los electores iban a inscribirse en los registros que los habilitaba a votar, en tiempos en que no existían los padrones electorales instaurados recién en 1912 con la Ley Sáenz Peña del voto secreto y obligatorio: “La inclusión o exclusión de los peticionantes dependía de las conveniencias políticas de los miembros de la junta calificadora, quienes por otra parte podían borrar a los indeseables en los largos intervalos de inactividad o meter en el padrón a votantes amigos… o inexistentes”.

El dueño del diario La Tribuna, Héctor Varela, quien solía firmar con el seudónimo de “Orión”, contó cómo fueron las elecciones de abril de 1852, destinadas a integrar la nueva Legislatura tras el derrocamiento de Rosas: “En aquella época memorable, el pueblo sintió una necesidad suprema de vencer a Urquiza en la elección de abril. El señor don Bartolomé Mitre, nuestro compañero político, poniéndose al frente de las necesidades de aquel momento solemne, desenterró los muertos del cementerio, llevó sus nombres a los registros y venció a Urquiza”.

Varela se preguntó después: “¿Hay alguno que ignore que en todos los registros hay nombres como los que se ponían en 1852 y que Serapio Ludo y Felipe Lotas han de aparecer votando?”.

Más de un siglo y medio después, en la provincia de Buenos Aires, las autoridades del PRO se cuidaron de usar nombres risueños pero no tuvieron prurito alguno en usurpar la identidad de supuestos adherentes y aportantes económicos que hoy públicamente denuncian que ni se afiliaron ni pusieron un peso en ese partido. Incluso sus propios candidatos. A diferencia de antaño, el fraude no necesariamente influyó en los votos, pero sí en la existencia jurídica del PRO. Porque la ley 26.571 dispone que los partidos políticos deben tener, permanentemente, una cantidad de afiliados no menor al 0,4% de los electores del distrito, es decir, no menos de 4 mil miembros en Buenos Aires. En 2011, por no cumplir con este requisito, se produjo la caducidad de 26 partidos y los distritos más afectados fueron Buenos Aires, CABA  y Chaco. Otro tanto vale para el blanqueo del dinero para sostener la campaña.

Calumnias, fraude y estafa electoral, igualito a los tiempos en que en la Argentina se empezaba a delinear el modelo agroexportador dependiente que convirtió a la Argentina en una colonia de Gran Bretaña, y que las actuales autoridades insisten en repetir. Se entiende, entonces, por qué utilizan métodos parecidos para legitimarse.

 

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