LA GESTA DE SAN MARTIN POR LA PATRIA GRANDE

Bicentenario del Cruce de los Andes

“Lo que no me deja dormir es, no la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino atravesar estos inmensos montes”.

 

Carta de San Martín a Tomás Guido, 14-6-1816,

Hace doscientos años, el general José de San Martín al mando de 5.423 combatientes, 18 piezas de artillería, 1500 caballos y 9.280 mulas emprendió la hazaña de cruzar la Cordillera de los Andes para liberar al Continente del dominio español. Lo hizo al frente de un ejército aliado argentino-chileno, al que luego se sumarían fuerzas peruanas para recuperar a Lima. Porque pese a las enseñanzas escolares, su objetivo no fue libertar solamente a la Argentina sino a la América del Sur a la que soñaba como una sola patria. Esa fue la razón por la que la bandera que guió a las tropas fue el estandarte de los Andes y no la creada por Manuel Belgrano.

Desde 1814 cuando San Martín fue convocado para hacerse cargo del Ejército del Norte que había sido derrotado en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, había advertido a las autoridades porteñas que ese no era el camino para ganar la guerra. “Ya le he dicho mi secreto –le escribe a Rodríguez Peña-. Un ejército pequeño y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar con los godos, apoyando un gobierno de amigos sólidos para acabar también con los anarquistas que reinan. Aliado las fuerzas pasaremos por el mar a tomar Lima; ese es el camino y no este, mi amigo. Convénzase usted que hasta que no estemos sobre Lima, la guerra no se acabará”.

Para ello pidió ser designado gobernador intendente de Cuyo, donde asumió el mando en 1814, para poder reunir y entrenar a ese ejército. Con escasa ayuda de Buenos Aires, fueron aquellas provincias las que soportaron el mayor peso. Tal como sostiene Julio Luqui Lagleyze, “todo Cuyo estuvo al servicio del ejército: desde los indios pehuenches a los africanos, aún esclavos. Más de 700 operarios trabajaron día y noche en la maestranza que dirigía fray Luis Beltrán, en el molino de Tejada, en las fábricas de pólvora de Álvarez Condarco y cientos de mujeres y muchas monjas de Mendoza, San Juan y San Luis tejían ponchos, matras, picotes y cosían ropas para los casi 7 mil hombres que llegó a tener el ejército, incluso los milicianos, boyeros, herradores, barreteros y baquianos”.

El cruce de la Cordillera de los Andes se inició el 12 de enero de 1817, con el ejército dividido en cuatro columnas secundarias y dos principales que debían atravesar los Andes por distintos pasos para confundir al enemigo. Las tropas se reunirían entre el 6 y el 8 de febrero en Chacabuco, territorio chileno.

Durante 21 días, avanzaron a razón de 28 kilómetros por jornada, a una altura media de tres mil metros, soportando temperaturas de 30 º C de día y de 15 o 20º C bajo cero por las noches. El total de bajas por el frío fue de 300 hombres más que los que murieron después en la batalla de Chacabuco.

El 12 de enero de 1817, con 40 infantes y 100 hombres de caballería partió desde la provincia de San Juan la columna del teniente coronel Juan Manuel Cabot que cruzó por el Paso de Guana. El 14 de enero, con 80 infantes y 25 granaderos partió desde Mendoza la columna al mando del teniente coronel Ramón Freire que atravesó la cordillera por el Paso del Planchón. El 15 de enero, al frente de 130 infantes partió desde la provincia de La Rioja el teniente coronel Francisco Zelada quien cruzó por el Paso de Come-Caballos. El 19 de enero, al frente de 55 hombres entre milicianos y blandengues marchó desde el sur de Mendoza la columna al mando del capitán José León Lemes quien atravesó la cordillera por el Paso del Portillo.

La columna principal al mando del general Juan Gregorio de Las Heras y su segundo, el mayor Enrique Martínez inició la marcha el 18 de enero de 1817 que debía cruzar por el Paso de Uspallata. A dos días de distancia lo seguía el parque general del ejército con la artillería de batalla y la maestranza conducido por fray Luis Beltrán, que tenía el grado de capitán.

Un día después, el 19 de enero, desde El Plumerillo, Mendoza, partió el grueso del ejército al mando del general San Martín. La columna estaba formada por la vanguardia al mando del brigadier mayor Estanislao Soler, el centro comandado por el brigadier Bernardo O´Higgins, la escolta de granaderos al mando del teniente coronel Mariano Necochea y la retaguardia conducida por el teniente coronel Pedro Regalado de la Plaza que conducía la maestranza del ejército. Cada columna marchaba separada por dos días de distancia. Cruzaron por el Paso de los Patos, a 5.000 metros de altura, y fue la que más dificultades enfrentó porque debió escalar cuatro cordilleras.

Las provisiones ocuparon 510 mulas y las cargas de vino para la ración diaria 113. Los soldados comieron charquicán, un preparado de carne secada al sol, tostada y molida, condimentada con grasa y ají picante, al que se le agregaba agua caliente y harina de maíz para conformar un guiso. El picante y el aguardiente o el vino eran estimulantes para contrarrestar el frio y la altura.

La reconcentración del Ejército de los Andes se realizó en territorio chileno el 9 de febrero de 1817, tal como lo había previsto por San Martín. Tres días más tarde, el 12 de febrero de 1817 se produjo la batalla de Chacabuco, el primer triunfo del ejército de San Martín para liberar a la Patria Grande.


Fuentes:

  • Galasso, Norberto. Historia de la Argentina. Desde los pueblos originarios hasta el tiempo de los Kirchner. Tomo I. Editorial Colihue. Bs. As. 2012.
  • Lorenzo, Gustavo Muñoz. Luqui Lagleyze, Julio. La ruta de la libertad. Camino de Los Patos. El lugar estratégico donde cruzó el General José de San Martín. Provincia de San Juan. 2010.

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