LA RESTAURACIÓN CONSERVADORA HASTA EN LAS TETAS

El reciente episodio protagonizado por la policía de Necochea que obligó a cubrirse a tres mujeres que tomaban sol sin corpiño y que contó con el apoyo de buena parte de quienes  estaban en la playa, provocó que en Córdoba, Salta,  Rosario, Mar del Plata y hasta en el mismo Obelisco, muchas mujeres se manifestaran en “tetazos”,  para repudiar el autoritarismo institucional. Ya había sucedido un caso similar el año pasado en una plaza de Vicente López cuando una mujer policía intentó impedir que una madre diera de mamar a su bebé con el argumento de que estaba en un espacio público.

Si bien es cierto que existe el Decreto Ley 8031/73 del Código de Faltas Bonaerenses que en el artículo 70 establece multas a quien “con actos, palabras, dibujo o inscripción torpe u obscena ofendiera a la moral pública” y es el que esgrimieron los policías para ir en contra de las tres mujeres, cabe la pregunta: ¿las tetas son obscenas? ¿Ofenden a la moral pública? Y si lo son, ¿por qué ofenden en la playa y no en las tapas de revistas o en la pantalla del televisor?

Para dimensionar el retroceso, acudamos al Reglamento de Baños aplicado en Mar del Plata en la temporada de 1888, confeccionado por el subprefecto Hilario Rubio por “facultad que le fue acordada por el Ejecutivo Nacional”.

En el primer artículo se estipulaba que estaba prohibido bañarse desnudo. Luego establecía que “el traje de baño admitido por este reglamento es todo aquel que cubra el cuerpo desde el cuello hasta la rodilla”.

El artículo tercero señalaba que “en la tres playas conocidas por del Puerto, de la Iglesia y de la Gruta no podrán bañarse los hombres mezclados con las señoras a no ser que tuvieran familia o lo hicieran acompañando a ellas”.

El cuarto prohibía “a los hombres solos aproximarse durante el baño a las señoras que estuviesen en él, debiendo mantenerse por lo menos a una distancia de treinta metros”.

El siguiente establece que “se prohíbe en las horas del baño el uso de anteojos de teatro y otro instrumento de larga vista, así como situarse en la orilla del agua cuando se bañen señoras”.

El sexto prohibía “bañar animales en las playas destinadas para el baño de las familias”.

El artículo séptimo rezaba: “Es igualmente prohibido el uso de palabras y acciones deshonestas o contrarias al decoro”.

El octavo determinaba las penas a quienes no respetaran estas normas: “Los infractores a las disposiciones que preceden incurrirán en multa de dos a cinco pesos moneda legal o arresto de 24 a 48 horas, y de cinco a diez pesos o arresto de 48 a 96 horas en caso de reincidencia, debiendo ser expulsado de la playa durante un mes en caso de incurrir por tercera vez en las mismas faltas a este Reglamento”.

Esto sucedía en la Argentina del siglo XIX. En la del siglo XXI, la restauración conservadora no sólo se instauró en la política y en la economía, sino que se extiende a lo cotidiano. O, tal vez, sea al revés, porque el conservadorismo no terminó de erradicarse en algunos sectores, la restauración hoy es posible.

Fuente:

  • López Merino, Susana. Había una vez, Mar del Plata. Fundación BankBoston. Mar del Plata. 1999.

One thought on “LA RESTAURACIÓN CONSERVADORA HASTA EN LAS TETAS

  • 20 febrero, 2017 at 12:29 pm
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    Ha llegado la hora de la mujer que comparte una causa publica y ha muerto la hora de la mujer como valor inerte y numerico dentro de la sociedad.

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