LAS MUJERES SIGUEN GANANDO MENOS QUE LOS VARONES

Las mujeres en Argentina ganan en promedio un 27% menos que los varones, según indica el informe sobre distribución del ingreso publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), que asegura que en promedio ellos perciben 14.690 pesos mensuales mientras que ellas cobran 10.710. Además, sostiene que del 10% con menores ingresos, el 6,8% son mujeres.

La vieja consigna “igual salario por igual trabajo” levantada en Argentina por las feministas de principios del siglo XX continúa vigente y por esa razón las mujeres autoconvocadas en Ni Una Menos vuelven a incluirla dentro de sus exigencias un siglo después.

Para comprender la razón de esta diferencia hay que remontarse a 1869, durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, cuando se sancionó el Código Civil de Dalmacio Vélez Sarsfield en el que las mujeres fueron declaradas incapaces y menores. El artículo 55 de ese Código sostenía la incapacidad relativa de la mujer, y el 57 disponía que a todos los efectos su representante era el marido, es decir, que la mujer casada no tenía derecho a educarse, a realizar actividades comerciales, ni podía testimoniar en juicios o litigar sin su consentimiento, además de que él se constituía en administrador de todos sus bienes, aún los adquiridos previos a la boda. Era razonable, entonces, que se le pagara menos que a los varones que sí eran capaces y mayores.

Podrá decirse que en aquel tiempo las mujeres no trabajaban. Sin embargo, en el mismo año de la aprobación del Código también se realizó un Censo cuyos resultados contradicen esa creencia. En 1869, la participación laboral de las mujeres era del 58,8%. En la ciudad de Buenos Aires y la campaña existían 15.219 costureras, 9.322 lavanderas, 8.598 planchadoras, 210 modistas, 198 prostitutas, 168 parteras y 155 amas de leche. Las sirvientas, cocineras y mucamas no las podemos distinguir porque están consignadas junto con los varones: 12.920, 7.260 y 2.873 respectivamente.

En Tucumán, las hiladoras, tejedoras, pelloneras y cigarreras representaban el 36% de la fuerza laboral, seguido por el servicio doméstico, y el tercer lugar para las costureras. En Córdoba, Salta, Jujuy y Santiago del Estero el número de hiladoras y tejedoras era significativo, y en Salta y Jujuy eran muchas las fabricantes de chicha.

Según el Censo de de 1895, el 15,7% de las mujeres trabajaba en la industria de todo el país. El de 1914 indica que en la industria textil el 61% eran mujeres, en la alimentación el 14,6%, en productos químicos el 26,4% y en la educación el 78,4%.

Pero pese a tan alta participación los salarios eran considerablemente menores al de los varones. El Censo Municipal realizado por la ciudad de Buenos Aires en 1909 indicó que en las alpargaterías si los varones ganaban entre 15 y 120 pesos, por igual tarea las mujeres percibían entre 50 y 65 pesos; en tabacos ellos percibían entre 40 y 500 pesos, pero ellas solo cobraban entre 20 y 170 pesos; en las fábricas de galletitas a los varones les pagaban entre 12 y 300 pesos pero las mujeres debían conformarse con sueldos entre 5 y 90 pesos.

Es que el salario femenino estaba considerado como “complementario” al del hombre, era secundario y subordinado al trabajo principal de los varones que eran los que “por naturaleza” debían proveer. Además, las habilidades femeninas que también se las asociaba a la “naturaleza” estaban descalificadas. Por ejemplo, en la industria textil las mujeres trabajaban en determinadas secciones como el estiraje y la homogeneización de las fibras y en la preparación para la tejeduría. En las fábricas de caramelos estaban en la sección envasado y en las de cigarrillos en el empaquetado, todos sitios donde hacían falta “manos de mujer”, es decir, prolijidad y minuciosidad que aún así eran valoradas menos que las virtudes de los varones. Y hasta en los convenios colectivos de trabajo que se firmaron en la década de 1930 se establecieron salarios muy distintos entre varones y mujeres, es decir, que los dirigentes sindicales que alzaban la voz a la hora de defender las condiciones de salubridad para las mujeres y los niños, nada decían respecto de los sueldos.

Pese a esto, fueron las mujeres agremiadas las que encabezaron las primeras marchas obreras. El 1° de Mayo de 1904, la manifestación organizada por la FOA, los socialistas y la UGT estuvo encabezada por la Unión Gremial Femenina.

En 1926, con la Ley 11.357 se proclamó la igualdad civil ante la ley. Sin embargo, para las casadas no fue tan así. Los maridos debían seguir autorizando las compras y las ventas o cualquier forma de contrato, además de conservar la patria potestad de los hijos y la obligación de fijar el domicilio conyugal.

La irrupción del peronismo, que mejoró la condición de los trabajadores en general, también alcanzó a las mujeres. En 1943, los salarios femeninos en la industria textil eran un 40% más bajos que los del hombre. El coronel Juan D. Perón desde la secretaría de Trabajo y Previsión impulsó la creación de una Dirección de la Mujer para estudiar la cuestión. Para 1945, la disparidad había descendido al 20% y hasta 1955 las mujeres recibían mayores aumentos que los varones por igual tarea para compensar la desigualdad. Entre 1943 y 1950 en la industria, por ejemplo, las mujeres con categoría de oficial recibieron un 478% de aumento salarial y los varones percibieron un 316%. Lo mismo sucedió en el comercio: mientras el personal administrativo femenino tuvo un 435% de aumento, los varones percibieron el 149%. Es que Eva Perón solía repetir que con las mujeres sucede lo mismo que con los países: mientras no tuvieran independencia económica nadie las iba a tener en cuenta.

En 1968, durante la dictadura del general Juan Carlos Onganía, se produjo otra reforma del Código Civil con la ley 11.711 que dispuso que cada cónyuge tuviera plenas facultades para la administración y disposición de sus bienes propios y de los gananciales adquiridos con su trabajo personal, pero hubo que esperar hasta 1985 para que la ley 23.264 otorgara la patria potestad compartida.

Luego se avanzó en la adquisición de derechos como la ley de cupo que obliga al 30% de representación femenina en las listas electorales a nivel nacional y que en la provincia de Buenos Aires se extendió recientemente al 50%. En los últimos 12 años se sumó la jubilación para las amas de casa, para las empleadas domésticas que por primera vez tuvieron paritarias, la Asignación Universal por Hijo con la obligatoriedad que sean las madres las que la cobren, el matrimonio igualitario y la ley de identidad de género, entre otras. Avances enormes. Pero la vieja consigna “igual salario por igual trabajo” aún sigue en pie.

Fuentes:

One thought on “LAS MUJERES SIGUEN GANANDO MENOS QUE LOS VARONES

  • 4 julio, 2017 at 11:55 pm
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    Excelente tu trabajo de recopilación de datos. Me ayudaste y mucho. Gracias Araceli Bellota por tu trabajo de difusión. Lo comparto

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