LAS PASO Y EL FPV: PERÓN SIEMPRE RECOMENDÓ UNIDAD Y SOLIDARIDAD

Tras el reportaje a Cristina Fernández de Kirchner emitido por C5N, se reavivó en el peronismo el debate frente a la conveniencia de competir o presentar una lista de unidad en las PASO previa a las elecciones generales de octubre, como harán la alianza Cambiemos y el Frente Renovador. Y también se multiplicaron las opiniones en los medios de comunicación afines al gobierno sobre la interna del Frente para la Victoria, aventando esa competencia.

A poco más de diez años de que el golpe cívico-militar derrocara a Juan Perón y lo obligara al exilio, el peronismo continuaba proscripto. Hasta entonces, salvo el pacto fallido con Arturo Frondizi, la orden para el peronismo era la abstención en los comicios, y el voto en blanco solía encabezar u ocupar el segundo lugar en las elecciones. Perón, desde el exterior, intentaba mantener a su movimiento unido, mientras que el diario La Nación seguía muy de cerca la vida interna del peronismo intentando influir con sus editoriales y apostando a su división.

Augusto Timoteo Vandor —líder sindical del gremio metalúrgico y jefe de las 62 Organizaciones Peronistas— intentó disputarle el liderazgo a Perón, sumando fuerzas con algunos políticos provinciales que ansiaban presentarse a elecciones en sus distritos y estrechando dudosos vínculos con el gobierno y con las Fuerzas Armadas. Fue el dirigente que acuñó la frase: “Es necesario, en estas circunstancias, estar contra Perón para defender a Perón”, es decir, un peronismo sin Perón.

En 1963, el General ordenó una nueva conformación del Comando Superior Peronista en la Argentina, y el diario La Nación escribió: “Cada día es mayor el propósito de organizar al Justicialismo, de abajo hacia arriba, honestamente y prescindiendo de Perón (…). Éste ha dejado de tener la menor gravitación. El señor Perón sabe esto perfectamente y trata de evitarlo. Tiene a su favor el mito popular, y en contra, la acción directa de dirigentes gremiales que han conquistado sus posiciones por derecho propio y dirigentes políticos que defienden sus principios en el país y que han llegado a los cuerpos colegiados para continuar su acción, contrariando sus disposiciones”.

Pese a la proscripción, las agrupaciones peronistas se multiplicaron con distintas tendencias: de izquierda a derecha, todos los matices. En la juventud, por ejemplo, estaba el Movimiento Juventud Peronista liderado por Envar El Kadri; el Movimiento Revolucionario Peronista con Gustavo Rearte y Eduardo Salvide; la Juventud Universitaria Peronista con Hugo Chumbita, Horacio Pilar y César Mendieta; la Agrupación 22 de Agosto de Norma Kennedy; el Comando de Organización de Alberto Brito Lima; el Movimiento Nueva Argentina de Dardo Cabo; el Comando Revolucionario de José Alonso y la Confederación General Universitaria (CGU) de Edmundo Calabró, entre otras.

Tras el fracaso del Operativo Retorno de 1964, cuando Perón se embarcó hacia Argentina pero, por pedido del gobierno de Arturo Illia, el avión fue detenido en el aeropuerto de Rio de Janeiro y obligado a regresar a Madrid, la orden para el peronismo fue enfrentar al gobierno y mantener el voto en blanco en las elecciones legislativas. Vandor desobedeció y presentó candidatos bajo la sigla Unión Popular.

Fue entonces cuando en una carta al dirigente cordobés Julio Antún, Perón sostuvo: “Si todos nos empeñamos de la misma manera y tratamos de empeñar a los demás, se podrá lograr el mayor triunfo peronista de todos los tiempos: el triunfo sobre nosotros mismos. Creo que el peor enemigo que ha tenido el peronismo en los últimos tiempos ha sido ese divisionismo suicida y estúpido, estimulado por la propaganda enemiga en todos su órganos publicitarios”.

Y a Jorge Antonio le escribió: “La unidad debe ser férrea y efectiva. No se trata de unir y pegar con saliva, sino de efectuar una unidad real (…). Es necesario aplicar un plan bien establecido. De nada o de poco valen las organizaciones que se limitan a dirigir burocráticamente las acciones de determinados sectores. Sin unidad perdemos fuerza, sin concepción única no llegaremos a la unidad de acción necesaria, sin organización no podremos dirigir el conjunto y sin planificación difícilmente podremos hacer que todos peleen tras los mismos objetivos y racionalmente”.

En 1965, Perón envió a Isabel para tratar de lograr esa unidad y desbaratar los planes divisionistas de Vandor que se dirimieron en las elecciones provinciales en Mendoza donde los candidatos sostenidos por Perón se enfrentaron y triunfaron sobre  los que inorgánicamente se presentaron con el apoyo de Vandor.

Para entonces, circuló el folleto de una agrupación juvenil titulado “De pie junto a Perón” en el que se afirmó: “Hay que advertir que la ‘independencia’ de los dirigentes locales (vandoristas y neoperonistas) con respecto a la jefatura de Perón es proporcional a su dependencia del sistema. Lo que se enfrenta son fundamentalmente dos concepciones del peronismo; una es la que ha venido predominando en la dirección local durante los últimos años, cuya característica principal es el intento de desplazar la jefatura de Perón hacia un mero rol decorativo y que tiende a la integración con el sistema a través de una política reformista y claudicante. La otra concepción defiende la conducción vertical del jefe, rechaza el compromiso con el régimen y plantea la misión revolucionaria del peronismo”.

Derrocado Illia por un golpe cívico-militar, la vinculación del vandorismo con los golpistas quedó más que clara cuando en la asunción de Juan Carlos Onganía se pudo ver a Vandor, a José Alonso de las “62 de Pie” y a Juan José Taccone de Luz y Fuerza al lado del presidente de la Sociedad Rural y de la CGE.

En la vereda de enfrente de ese sindicalismo se ubicó Raymundo Ongaro que entonces ganó la conducción del gremio de los Gráficos y que tiempo después lideraría la CGT de los Argentinos que enfrentó a la CGT dialoguista con el gobierno. A él le escribió Perón para felicitarlo y le dijo: “Nos estaba haciendo falta una noticia como esta porque desde hace tiempo los asuntos sindicales en el movimiento no andaban del todo bien, como consecuencia de la falta de unidad y solidaridad de algunos dirigentes que creen que se puede llegar a algo trabajando ‘pro domo sua’ (título de un discurso de Cicerón que significa que se actúa en forma egoísta para propio provecho) en apoyo de intereses personales o de círculo. Como si fuera posible que alguien se realizara en un movimiento que no se realice. Yo soy buen sastre y conozco el paño; creo que los trabajadores poco bueno pueden esperar de la situación reinante en el país. Todo parece reducirse a que la clase trabajadora se ajuste el cinturón y se arremangue a trabajar para componer los desaguisados de los once años de gorilismo desenfrenado empeñado en combatir y escarnecer al Pueblo”.

En una carta posterior también dirigida a Ongaro, Perón sostuvo: “Tal como están las cosas, la CGT se ha colocado como Central Obrera, en una difícil situación. Si los dirigentes se inclinan por la dictadura en alguna forma serán destruidos por las bases del movimiento obrero y si resisten, deberán estar pendientes de un éxito que entonces es, para ellos, de vida o muerte, porque si no triunfa el plan de lucha, serán destruidos por el gobierno de la dictadura militar. Todo es producto de actitudes anteriores no definidas o engañosas que ahora comienzan a mostrarse en sus efectos. Creo que la dictadura se verá enfrentada, en un momento dado a todo el país con el solo apoyo de una minoría pequeña que, por añadidura no tiene razón. Para entonces, necesitamos estar en condiciones de unidad y solidaridad que nos posibiliten una acción efectiva en todos los campos. La posibilidad de imponernos dependerá no solo de la descomposición que se haya producido en nuestros enemigos, sino también del grado de compostura que hayamos podido lograr nosotros. Por eso, sigo pensando que la tarea fundamental radica, por ahora, en alcanzar la mayor unidad y solidaridad destruyendo la disociación, aunque para ello sea necesario destruir a los disociadores, víctimas de sus propios apetitos personales o intereses de círculo”.

Fuentes:

  • Galasso, Norberto. Perón. Exilio, Resistencia, Retorno y Muerte (1955-1974). Tomo II. Edición Colihue. Bs. As. 2005.

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