LAS PIONERAS DEL VOTO FEMENINO

Hace 70 años, el 23 de septiembre de 1947, fue promulgado el voto femenino, después de que el 9 de septiembre de ese año la Cámara de Diputados aprobara la ley 13.010. Dos semanas más tarde, centenares de mujeres llenaron la Plaza de Mayo para recibir públicamente la nueva norma.

De esta manera, se coronaba una lucha que en la Argentina había nacido con el siglo XX, impulsada por las primeras profesionales agrupadas en la Asociación Universitarias Argentinas fundada por las doctoras Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Ernestina López y Elvira Rawson, entre otras, y por las socialistas Alicia Moreau, Sara Justo y las hermanas Mariana, Fenia y Adela Chertcoff.

Pese a que en otros países del mundo ya se había establecido el sufragio femenino como consecuencia de la lucha de las mujeres que en más de una ocasión sufrieron la persecución y hasta la cárcel, la Argentina insistía en permanecer en el retraso. En Nueva Zelandia regía desde 1893, en Australia desde 1902, y en Noruega a partir de 1913. Después de la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña otorgó el voto femenino en 1918, Italia en 1919 y los Estados Unidos un año después.

No obstante, en algunas provincias argentinas, las mujeres ya gozaban de ese derecho. Porque la primera vez que votaron las mujeres argentinas fue en 1862 cuando en la capital sanjuanina se otorgó el voto calificado femenino en el orden municipal. A partir de 1914 votaron sin calificación, siempre en municipalidades, en 1927 se les otorgó los mismos derechos electorales que a los varones por el artículo 140, inciso 4de la Constitución Provincial. En abril de 1928 las sanjuaninas votaron a nivel provincial y en 1934 eligieron, además, a la primera legisladora provincial, Emar Acosta. Para entonces, en Santa Fe, se reformó la Constitución provincial en 1921, y las mujeres obtuvieron ese derecho en el orden municipal.

Es que hasta 1926, cuando la ley del socialista Mario Bravo consagró los derechos civiles femeninos, el Código Civil consideraba a las mujeres de la misma manera que a los incapaces y a los menores y, pese a cubrir casi la mitad del mercado laboral, no se les permitía, por ejemplo, administrar sus bienes sin la intervención del padre o del marido.

 Una vez conseguida esta igualdad, el siguiente paso fue lograr los derechos políticos para el que las sufragistas argentinas no solamente usaron la tenacidad sino también la inteligencia y la imaginación.

En 1911, Julieta Lanteri, la sexta médica graduada en el país, había logrado votar en las elecciones municipales de la Ciudad de Buenos Aires. Cuando quiso repetir la hazaña en las elecciones nacionales de 1916 se lo impidieron.

Fue entonces que, con el argumento de que la ley decía que las mujeres no podían votar pero nada mencionaba acerca de ser elegidas, Lanteri fundó en 1919 el Partido Feminista Nacional con el que se presentó como candidata a diputada hasta las elecciones del 2 de marzo de 1930.

Las socialistas, por su parte, con la Unión Feminista Nacional, organizaron en 1920 sendos ensayos de voto en forma paralela en las elecciones de ese año para demostrar que las mujeres estaban en condiciones de votar.

En 1921, el diputado radical Fernando Taurel propuso el voto para las mujeres mayores de 25 años que supieran leer y escribir. El diputado Frugoni para las que tuvieran estudios secundarios o superiores, y los legisladores Leopoldo Bard, José Bustillo y Manuel Alvarado, entre otros, también propiciaron el voto calificado. Pero ninguno de estos proyectos prosperó a nivel nacional.

Durante la década de 1930, la Asociación Argentina del Sufragio Femenino encabezada por Carmela Horne de Burmeister organizó una campaña radial y un grupo de intelectuales, nucleado por las escritoras Victoria Ocampo y María Rosa Oliver, exigieron la sanción de los derechos políticos para las mujeres.

En mayo de 1932 se formó en el Congreso Nacional una comisión integrada por cinco diputados y tres senadores para elaborar un proyecto. Cuatro meses después, en septiembre de ese año, por primera vez hubo un debate parlamentario sobre el sufragio femenino. El proyecto propiciaba el voto de la mujer argentina o naturalizada, mayor de 18 años, con los mismos derechos y obligaciones que el varón, salvo el servicio militar obligatorio.

Pero los opositores al proyecto sostuvieron que el voto debía ser calificado, habilitando solo a las mujeres alfabetas; que debía ser gradual, es decir, primero se votaría en comicios municipales, luego en los provinciales y finalmente en los nacionales. Además, para los legisladores el voto de las mujeres tendría carácter de voluntario y no obligatorio como regía para los varones. El proyecto se aprobó en la

Cámara de Diputados pero nunca fue tratado en el Senado.

En 1938 se presentó un proyecto de ley que proponía un modelo corporativo de voto, conocido como el voto “cabeza de familia” en boga en Europa impulsado por algunos sectores de la Iglesia, y un año después ingresó otro que propiciaba el voto universal femenino. En 1942, el socialista Silvio Ruggieri intentó reavivar el debate en la Cámara de Diputados, pero no fue posible.

Las mujeres argentinas debieron esperar hasta 1947, con Juan D. Perón en la presidencia y con Eva Perón como principal impulsora, para que la ley 13.030 fuera aprobada y por fin sus derechos políticos se igualaron al de los varones: desde entonces ellas pudieron votar y también ser elegidas.

Fuentes:

Dos Santos, Estela. Las mujeres peronistas. Centro Editor de América Latina. Bs. As. 1983.

Bellotta Araceli. Julieta Lanteri, la pasión de una mujer. Editorial Planeta. Bs. As. 2000.

Barrancos, Dora. Mujeres en la sociedad argentina. Una historia de cinco siglos. Editorial Sudamericana. Bs. As. 2007.

One thought on “LAS PIONERAS DEL VOTO FEMENINO

  • 20 septiembre, 2017 at 8:09 am
    Permalink

    Impecable. Felicitaciones.

    Reply

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *