LES QUITARON LAS TIERRAS MIENTRAS EN BUENOS AIRES SE REPARTÍAN EL BOTÍN DE GUERRA

Entre 1985 y 1986, el obispado de Neuquén a cargo de monseñor Jaime de Nevares, elaboró una serie de sugerencias para el Congreso Pedagógico que entonces impulsó el gobierno de Raúl Alfonsín. Los aportes fueron redactados por el padre Juan San Sebastián y demuestran que nada tiene de nuevo el actual conflicto con las comunidades mapuches, tal como lo intenta presentar el gobierno nacional, quien debería reemplazar las balas por estas sugerencias. Este es el texto completo:

“Después de 25 años de existencia de la Diócesis de Neuquén, y con la experiencia acumulada de los Misioneros Salesianos que estuvieron y están en contacto con los indígenas Mapuches y patagónicos, surgen las siguientes ideas para tener en cuenta en una reestructuración de los planes de educación de nuestro país.

Para los argentinos, en general, los indígenas son un habitante más dentro del país, y no un pueblo, una raza, una etnia particular, con toda la riqueza que estas realidades sociales encierran. Es por eso que desde los comienzos de la colonización, y en la patagonia desde la expedición al desierto, el blanco ha tratado y trata de borrar la identidad de los pueblos indígenas.

Se hizo lo posible por diezmarlos y algunas razas desaparecieron por efecto de este proyecto de etnocidio. No sólo fue la guerra, sino el contacto con los vicios de la ´civilización´, que diezmó a muchos indígenas y pueblos. El alcohol, la tuberculosis, las balas, dejaron el tendal sembrado en ese suelo que los vio nacer; su suelo, su tierra.

Merece un capítulo especial el despojo que de su tierra han sido objeto los indígenas. La tierra, la ‘mapu’, la ‘pachamama’, tiene para el indígena un sentido religioso y vital. Es la madre. Ellos son los ‘hijos de la madre tierra’. Mapuche quiere decir ‘hombre de la tierra’. Ella es, en gran medida, lo que los une como pueblo. Y nada hizo mejor el conquistador blanco para hacer perder la identidad de pueblo de los indígenas, que quitarles su tierra, su fuerza vital. Los arrinconó en los pedreros cordilleranos mientras en Buenos Aires se repartían el botín de guerra. Todavía hoy están luchando por conseguir que no les sigan corriendo los alambrados, los que invadieron sus tierras y quieren quedarse con todo. A pesar de años de promesas, no han conseguido que se les de títulos de la tierra que tienen en reservas, lo que los hace extraños y no dueños.

La cultura, que brota de las entrañas de la raza y no de una instrucción o ilustración académica o enciclopedista, es otra de las riquezas de estos pueblos que el blanco ha ignorado o tratado de borrar. La lengua, las costumbres, la religiosidad, los ritos, la relación con la tierra y la vida, el espíritu comunitario, sus artes manuales, su música y su folklore, y su deseo de ser ellos mismos, son la riqueza cultural que ha sido agredida.

Así como los argentinos hemos sufrido y sufrimos una agresión cultural extraña a nuestra nacionalidad, de la misma manera sufrieron y sufren los indígenas una trasculturación influenciada por patrones economicistas y de lucro, ajenas a su espíritu solidario y fraterno.

Unidad, hermandad. Son dos cualidades sobresalientes de las culturas indígenas, que brotan de las mismas raíces de su raza. El saludo habitual de los Mapuches es: ‘Mari, mari, peñi’, que podemos traducir: ‘Cómo te va, peñi, hermano’.

Es notable y alentador ver este sentido de unidad y hermandad, a pesar del bombardeo que han sufrido de nuestra sociedad individualista y egoísta. Su espíritu comunitario es un ejemplo para los ‘civilizados’.

Como signo de su cultura y de unión, los indígenas conservan su lenguaje autóctono. Medio de comunicación familiar y comunitaria, las lenguas de los distintos pueblos indígenas o etnias, son parte importante del acervo cultural del país. América Latina, fundada en Amerindia, conserva celosamente las lenguas de los primeros pobladores del continente.

Lamentablemente y como signo de nuestra poca valoración de la cultura, en nuestra país ha habido y hay un rechazo al indígena que habla su lengua y no se amolda a los modos de nuestra cultura europea. Hasta se ha llegado al colmo de que los mismos indígenas tengan vergüenza de hablar su idioma, por malsana influencia del blanco. Esto es como tener vergüenza de nuestras raíces.

Aunque publicitamos por todos los medios que en la Argentina no existe el racismo, este rechazo a los pueblos indios y a sus culturas dice lo contrario. Ser indio es ser ciudadano de segunda categoría. Siguen tan oprimidos como antes y no tienen la misma igualdad de oportunidades que los blancos, sean argentinos o extranjeros. Son contados los que terminan los grados primarios y, por ello, pocos los que acceden a la secundaria o a la universidad.

El indígena que va a la escuela se ve retratado, en la historia argentina que aprende, como pueblo bárbaro y salvaje. Es la historia escrita por el conquistador y el vencedor. Es una historia parcial: los héroes son los que matan al indio y lo someten. Vista la historia desde el indígena, los héroes fueron sus aguerridos jefes indios que con arcos, flechas y lanzas y a caballo o a pie, hicieron frente al blanco que quería usurparle la tierra de la que era dueño. Evidentemente, no ha habido un sinceramiento de la historia donde la verdad sea la que reine y no la parcialidad.

(…) Visto este panorama, seguramente incompleto, de la triste realidad indígena, el país se encuentra ante un desafío histórico de reivindicación de los pueblos indios. El Congreso Pedagógico puede ser el punto de partida de un cambio de mentalidad en el país. Puede llegar la hora de la verdad para la historia y para los siempre marginados indígenas. Deberían darse los siguientes pasos:

Requisitos Generales

  1. Que se haga un estudio profundo de las etnias indígenas en todo el país, para valorar las riquezas de estos pueblos y promover su elevación.
  2. Que se dicten leyes de protección de pueblos y culturas autóctonas.
  3. Que se estudie la legislación vigente que los margina, se la corrija o derogue para que sea cierto que todos somos iguales ante la ley.
  4. Que se les den los títulos de las tierras que poseen y se les devuelvan las que se les habían otorgado y fueron invadidas.
  5. Que se concreten planes de promoción integral con préstamos oficiales para cooperativas indígenas o planes que presenten las comunidades indígenas para su desarrollo.
  6. Que en todo plan de promoción el indígena sea sujeto y creador y no objeto y receptor.
  7. Que se apoye el surgimiento de organizaciones indígenas que representen los legítimos anhelos de estos pueblos, preservándolas de todo ideologismo o manipulación.
  8. Que se respete la total independencia para elegir sus jefes sin presiones de intereses ajenos a sus comunidades.
  9. Que se valore y apoye todo trabajo de promoción de las comunidades indígenas, como labor prioritaria de justicia con nuestros hermanos aborígenes.

Propuestas concretas

  1. Que se haga un estudio veraz e imparcial de la historia, donde queden de manifiesto los derechos y valores de las etnias indias.
  2. Que se cambien, por consiguiente, los textos escolares por otros que formen a la juventud argentina, en la verdad de nuestras raíces y en los valores estas culturas, muchas veces ignoradas.
  3. Que se promuevan para su divulgación, nuevos estudios sobre las culturas y etnias indígenas, y sus distintas lenguas, para formar la bibliografía necesaria para la casa de estudios y para todos los que quieran profundizar en el tema.
  4. Que las universidades regionales tengan cátedras sobre culturas y lenguas autóctonas, como las hay de las europeas.
  5. Que se concrete cuanto antes el funcionamiento bilingüe de las escuelas de zonas aborígenes”.

Fuente:

  • De Nevares, Jaime. Los indígenas y el Congreso Pedagógico. La verdad nos hará libres. Centro Nueva Tierra. Bs. As. 1994.

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