NO ES “PARANOIA ARGENTINA”, ES NO TOLERAR LA CONSECUENCIA DE UN SOLO MUERTO

La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se refirió a las protestas en contra de las políticas del gobierno nacional y dijo que “nosotros vamos a actuar, pero si actuamos no entremos en la paranoia argentina” y agregó: “Las fuerzas de seguridad van a actuar como se actúa en cualquier parte del mundo, dispersando. Esa dispersión puede tener alguna consecuencia”.

Lo que la funcionaria califica como “paranoia argentina” tiene su origen en la larga tradición nacional de criminalizar las protestas sociales para convertir en delito a la resistencia popular ante la pérdida de derechos. De esa manera, se puede justificar el ejercicio de la fuerza y de la represión con sus consecuencias que suelen ser las muertes de los ciudadanos.

Así lo hizo Bartolomé Mitre en cuanto llegó a la presidencia, luego de la batalla de Pavón de 1861 en la que las fuerzas de las provincias, al mando del general Justo José de Urquiza, se enfrentaron con las porteñas dirigidas por el general Mitre. Pese a que los provincianos triunfaron en el campo de batalla, Urquiza les ordenó retirarse y le dejó el camino libre a los porteños para que tomaran el poder nacional.

Los caudillos se oponían a la política centralista de Buenos Aires aliada a los intereses británicos, que favorecía a los porteños pero condenaba a las provincias al hambre porque no podían mantener sus incipientes industrias ni comerciar sus productos. Ellos reclamaban por la pobreza de sus pueblos y también por la persecución política.

Así se lo explica Ángel Vicente Peñaloza, el Chacho, a Mitre desde su cuartel general el 16 de abril de 1863: “No ha podido el que firma dejar de ser tan franco y leal como siempre y es por esto que se dirige a V.E. participándole la penosa situación en que han puesto a estos pueblos desgraciados sus gobernantes, y las consecuencias que han dado sus procedimientos.Después de la guerra exterminadora porque ha pasado el país, y después de todos los medios puestos en juego para terminar ese malestar de todas las provincias, muy conforme y lleno de fe en el programa de usted han esperado los pueblos argentinos una nueva era de ventura y progreso; han esperado ver cumplidas las promesas hechas tantas veces a los hijos de esta desgraciada patria. Pero, muy lejos de ver realizado su sueño dorado, muy lejos de ver cumplidas sus esperanzas, han tenido que tocar el más amargo desengaño, al ver la conducta arbitraria de sus gobernantes, al ver despedazadas sus leyes y atropelladas sus propiedades y sin garantías para sus mismas vidas”.

Respecto de los mandatarios enviados por Buenos Aires para hacerse cargo de las provincias, continúa el Chacho: “Los Gobernadores de estos pueblos convertidos en otros tantos verdugos de las provincias cuya suerte les ha sido confiada, atropellan las propiedades de los vecinos, destierran y mandan a matar sin forma de juicio a ciudadanos respetables sin más crimen que haber pertenecido al partido federal y sin averiguar siquiera su conducta como partidarios de esa causa. Yo mismo, que he esperado ver realizadas las promesas hechas a esta provincia y a las demás, según el tratado celebrado conmigo, he sufrido hasta el presente la más tenaz hostilización por parte de los gobiernos circunvecinos, ya tomando y mandando ejecutar a los hombres que me han acompañado, a pesar de la garantía que por ese mismo tratado tenían, ya requiriéndome tales o cuales individuos que estaban aislados a mi lado para evitar la muerte segura que les esperaba si creyendo en esas garantías volvían al seno de sus familias; y, por último, despedazando mi crédito y haciéndome pasar por un hombre más criminal, sin más causa que haber comprendido mi deber y no haber querido prestarme a servirles de agente en sus criminales propósitos”.

Por último, el Chacho le advierte: “Usted como jefe de toda la Nación, es el padre de todos los argentinos, y es de quien deben esperar sus hijos el remedio para estos males, y si desoyendo la voz de ellos no pusiese término a esta terrible situación veremos, con pesar, correr a torrentes la sangre de todos los argentinos y las consecuencias pesarán sobre los que la hicieron verter”.

Este era el reclamo de los caudillos que Mitre mandó a aniquilar con la excusa de la pacificación del país. Para ello dividió al ejército en cinco cuerpos y los mandó a las distintas provincias al mando de los coroneles orientales Wenceslao Paunero, Ambrosio Sandes, Ignacio Rivas, José Miguel Arredondo y Venancio Flores.

Además designó a Domingo F. Sarmiento como auditor de la Guerra a quien le explicó la estrategia de la “guerra de policía”, en una carta fechada el 29 de marzo de 1863, en la que escribió: “Mi querido amigo: ayer se despachó una comunicación para usted, dándole instrucciones sobre el modo con que debe proceder como comisionado nacional, a consecuencia de los sucesos que han tenido lugar en la Sierra de Córdoba. Como esas instrucciones han sido cuidadosamente redactadas por mí, teniendo una idea clara en vista, y como espero que usted sabrá comprenderla y aprobarla, es que quiero explicarle bien mi pensamiento”.

Después, agregó: “Digo a usted en esas instrucciones que procure no comprometer al gobierno nacional en una campaña militar de operaciones, porque dados los antecedentes del país y las consideraciones que le expuse en mi anterior carta, no quiero dar a ninguna operación sobre La Rioja, el carácter de guerra civil. Mi idea se resume en dos palabras: quiero hacer en La Rioja una guerra de policía”.

“La Rioja –continuó– es una cueva de ladrones que amenaza a los vecinos, y donde no hay gobierno que haga ni la policía de la provincia. Declarando ladrones a los montoneros, sin hacerles el honor de considerarlos como partidos políticos, ni elevar sus depredaciones al rango de reacción, lo que hay que hacer es muy sencillo. (…) No se apure: obre con serenidad y con método, que lo que vemos en La Rioja como en otras partes, no son sino los movimientos naturales de esta República Argentina que estamos haciendo y rehaciendo, y que los mismos bárbaros nos ayudan hoy a consolidar, ofreciéndonos algunas ocasiones de fácil triunfo que consolidan los poderes nuevos, deciden a los indiferentes, dan aliento a los débiles, y a los pueblos la conciencia de su poder, como ha sucedido en Buenos Aires, que no hace diez años vivía temblando de unos cuantos mazorqueros asilados en Montevideo, que se atrevían a invadirlo hasta con quince hombres a dos leguas de la ciudad, y que empezando medio asustado en el Tala, ha concluido presentando treinta mil hombres en Pavón”.

Como se ve, la estrategia de criminalizar la protesta tiene más de un siglo y medio en el país. No es “paranoia argentina”, es la conciencia colectiva sobre la que pesan miles de muertos a los que no se los pueden consideran como meras consecuencias.

 

Fuentes:

One thought on “NO ES “PARANOIA ARGENTINA”, ES NO TOLERAR LA CONSECUENCIA DE UN SOLO MUERTO

  • 24 marzo, 2017 at 12:30 am
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    Como siempre estimada Araceli, tus artículos son de una verdad autentica de nuestros Querido y triste País.

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