NO SEAMOS SONSOS, QUE NO NOS HAGAN LA CABEZA

En estos días se escucharon comentarios y quejas de militantes nacionales y populares sobre la supuesta poca diferencia de votos que obtuvo el Frente de Todxs en las pasadas elecciones, y algunos hasta expresaban una cierta desilusión porque el triunfo no habría sido contundente.

Que no nos hagan la cabeza. ¡Celebremos!

Hace casi sesenta años Arturo Jauretche escribió en su libro Los Profetas del Odio y la Yapa: “El método usado por la prensa ´independiente´ no consiste sólo en la deformación de los hechos y la reiteración constante, sino en la manipulación de las informaciones que no se adecuan a sus fines”.

Esto es lo que estamos viendo: nos quieren hacer creer que la elección del domingo del Frente de Todxs no fue para tanto, y que la derrota del gobierno, en realidad, fue un triunfo.

¿Qué hubo manipulación de los datos? Es probable, pero es solo cuestión de esperar el escrutinio definitivo. Pero no se puede permitir que desluzcan el enorme triunfo del Frente de Todxs, que es el del pueblo tan castigado durante los últimos cuatro años.

Vayamos a los datos de la historia reciente:

  • Alberto y Cristina ganaron la elección presidencial con un resultado mucho más rotundo que el de Macri frente a Daniel Scioli en 2015. Ni qué hablar del de Néstor Kirchner en 2003.
  • Y triunfaron sin poder territorial en la Nación y en la provincia de Buenos Aires, hecho inédito en el peronismo. Además, con la prensa en contra y el Poder Judicial cooptado por el oficialismo.
  • Recordemos que después de los comicios legislativos d 2017, la reelección de Macri se presentaba como segura. Fue entonces cuando el gobierno impulsó la reforma laboral y la jubilatoria. Las protestas sociales se incrementaron y apareció Alberto Rodríguez Saá diciendo “Hay 2019” con lo que empezó un movimiento de unidad en el peronismo.
  • Con la crisis económica y financiera de abril de 2018, parecía que el gobierno no tenía salida, pero la “ayuda” del Fondo Monetario Internacional garantizó la continuidad del modelo y otra vez la reelección de Macri tomó impulso.
  • Pero ahí apareció Cristina Fernández de Kirchner, cuyo retorno a la fórmula presidencial que acaba de ganar también es un hecho inédito en la historia nacional. Elegida por Macri como la principal enemiga, perseguida judicialmente, señalada como delincuente, no cedió en estos cuatro años, consolidó su núcleo duro de votantes entre el 35 y el 38 por ciento, y desde esa base hizo su jugada magistral: lo puso a Alberto Fernández en el centro de la escena, ella se apartó y atrajo el fuego enemigo mientras el candidato se dedicaba a armar el Frente de Todxs. Enorme generosidad la de Cristina, también sin precedentes en nuestra historia.

Veamos ahora los argumentos que sostienen que con el porcentaje obtenido, el macrismo podrá dominar el Congreso Nacional:

El próximo gobierno contará con un quórum ajustado en el Senado, y deberá negociar algo en diputados. Pero el Kirchnerismo casi nunca contó con mayoría propia en las cámaras porque perdió dos veces elecciones de medio término. En 2009 la oposición obtuvo la mayoría en Diputados y conformó el famoso “Grupo A”.

Sin embargo, el gobierno de Cristina pudo sancionar la ley de Medios, la de Matrimonio Igualitario, se puso en marcha el Plan Conectar-Igualdad con neetbooks para los alumnos en las escuelas públicas, se puso fin a las AFJP, se nacionalizó el 51 por ciento de las acciones de YPF, entre otras medidas, y celebramos el Bicentenario de la Revolución de Mayo con millones de argentinos en las calles. Y en 2011 dejaron al gobierno sin presupuesto.

Ahora, el Frente de Todxs recobró dos de las cuatro provincias más grandes: Buenos Aires y Santa Fe, mientras Macri se impuso por amplia diferencia en Córdoba, por poco en Entre Ríos y en Santa Fe en la elección nacional. Ganó en Mendoza, pero perdió en Jujuy. Su aliado, el radicalismo, perdió capitales importantes como Paraná, Santa Fe y Córdoba.

Es cierto que Juntos por el Cambio remontó votos desde las PASO, pero el resultado es muy similar al que, en 1989, Eduardo Angeloz obtuvo frente a Carlos Menem.

La derrota de Macri, quien contó con el respaldo de todo el poder fáctico nacional e internacional, fue humillante. Sin embargo, el tipo que en 2015 perdió en primera vuelta y ganó en la segunda por poco más de un punto es presentado por los medios hegemónicos como el triunfador de una gran elección.

Por todas estas razones, es preciso repetir lo que Jauretche escribió hace casi seis décadas: “Ahora, lector, se que tengo que levantarle el ánimo. ¡No se me achique! La historia se hace a pesar de esto, y aunque desmedrados somos un gran país. A pesar de todo esto tenemos una conciencia nacional cada día más clara. Es que no se puede tapar el cielo con un arnero ni escupir contra el viento: las verdades se abren paso. Somos millones de argentinos los que sabemos a qué atenernos y lo más que logran es confundirnos momentáneamente y en lo episódico. En las grandes líneas sabemos lo que queremos y adonde vamos, y de esa huella no han de apartarnos aunque vengan degollando, o mejor dicho, mintiendo, con todo el instrumental de que los cipayos disponen. Sólo pueden predominar en la medida de que seamos sonsos”.

No seamos sonsos. Que no nos hagan la cabeza. ¡Celebremos! Después de estos cuatro años en los que nos maltrataron, nos humillaron y hasta nos mataron, volveremos a tener un gobierno nacional y popular.

Fuentes:

  • Jauretche, Arturo. Los Profetas del Odio y la Yapa. Corregidor. Buenos Aires. 2012.

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