Para la Argentina ¿Hillary Clinton habría sido mejor?

El triunfo de Donald Trump en las elecciones y su reciente asunción a la presidencia de los Estados Unidos produjo el debate sobre cuáles serían las consecuencias para la economía de la Argentina. Pero, si hubiera ganado Hillary Clinton ¿habría sido mejor?
La historia demuestra que las relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos, sobre todo en el intercambio comercial, fueron y son dificultosas por la simple razón que comerciamos productos similares y porque, además, los Estados Unidos gobernados por Demócratas o por Republicanos ha intentado desde fines del siglo XIX afianzar su dominio sobre América Latina con las consecuencias de endeudamiento y dependencia conocidos.
El primer intento de Estado Unidos por consolidar en forma orgánica su liderazgo en América Latina fue en 1889 cuando se reunión la Primera Conferencia de la reunión del Congreso Panamericano, celebrado en Washington, a la que asistieron todos los estados americanos con el fin de activar las relaciones amistosas a través de las relaciones comerciales. En verdad, el verdadero objetivo del país del norte era la creación de una unión aduanera para ganar mercado frente a los productos europeos que entonces inundaban a la América del Sur.
Ya en 1823 el presidente norteamericano James Monroe había pronunciado en el Congreso la célebre frase: “América para los americanos”, como reacción a la restauración monárquica en Europa y a la conformación de la Santa Alianza, para sentar la doctrina de que cualquier intervención de los estados europeos en el continente americano sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de los Estados Unidos.
Luego continuó con la competencia en la América del Sur por quitarle mercado a Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia y Bélgica. Para entonces, como economía agroexportadora, tanto Estados Unidos como la Argentina se destacaban en cada extremo del continente. Los delegados argentinos Roque Sáenz Peña y Manuel Quintana se opusieron férreamente la creación de esa unión aduanera y fueron los artífices de que el proyecto fracasara. El mayor cuestionamiento de los argentina fue la política comercial proteccionista de los Estados Unidos con sus altos aranceles que protegían a su propia industria, algo bastante parecido a lo que prometió Donald Trump en su discurso de asunción.
Es interesante rescatar algunos párrafos del discurso de Sáenz Peña en aquella conferencia en la que, en contraposición a la “América para los americanos” respondió con la frase “América la humanidad” con la clara intención de frenar el avance norteamericano por la América del Sur.
Comenzó su discurso con esta afirmación: “El comercio lo inspira el interés y lo mantienen los provechos; acaba donde comienza el desprendimiento y vive desconcertado bajo la acción de los afectos. No basta, pues, que nosotros nos saludemos como amigos, y nos estrechemos como hermanos, para desviar o comunicar corrientes que no está en nuestra mano dirigir; habríamos firmado acuerdos cordiales y amistosos refrendados, no lo dudo, por la sinceridad, pero desautorizados en un porvenir no remoto por la acción misma de las fuerzas que tratáramos de encadenar a nuestros actos. No llegará nunca la convención humana a dominar la intensidad, o la dirección de estas corrientes formadas por la producción y el intercambio, alimentadas como están por egoísmos invencibles, por actividades perseverantes, por energías autonómicas y propias”.
Y después agregó: “La producción obedece a los decretos de la naturaleza, como el intercambio es obra de la necesidad, de la conveniencia y del provecho. Cuando la acción del Estado ha querido violentar la resultante de estas fuerzas, se ha hecho sentir generalmente como síntoma de perturbación y los gobiernos coaligados para conjurarla no han sido más acertados en sus medios y en sus éxitos. Viejas como las formas iniciales del comercio y primitivas como el antiguo trueque, las leyes de la demanda y de la oferta seguirán dirigiendo entre los pueblos el cambio de sus excedentes, y si reformas y evoluciones han de producirse, nacerán de la selección de los consumos impuesta por la civilización y la cultura, que vuelve exigentes a las sociedades, afanosos a los productores, dos veces fértil y fecunda a la tierra”.
Finalmente, sugirió un camino de evaluación que también vale para hoy: “Las cuestiones aduaneras preocupan en nuestros días a la Europa y a la América, y las naciones de este continente harían bien en considerar con observación y con estudio los problemas que se agitan del otro lado del Atlántico: no solo porque discuten nuestra mismas cuestiones, sino por la que Europa nos ofrece una enseñanza empírica a la vez que científica”.
Antes de concluir, vale la aclaración de que la postura de la delegación argentina de frenar el avance de Estados Unidos en la América del Sur no respondía a una postura “anti-imperialista”, fue más bien una máscara para defender la dependencia de la Argentina con el comercio de Europa, sobre todo con Gran Bretaña y por eso actuó como una suerte de operador europeo en el continente.
Por esta razón cuando Estados Unidos afianzó su hegemonía y se fue transformando en el centro financiero internacional, luego de la Primera Guerra Mundial, Argentina amplió su dependencia para incluirlo en un triángulo comercial junto a Gran Bretaña.

 


Fuentes:

    • Sáenz Peña, Roque. Ideario de un Estadista. Discursos y escritos selectos.  América para la Humanidad. Discurso pronunciado en la Conferencia Internacional Americana celebrada en Washington en 1889, sesión del 15 de marzo de 1890. W.M. Jackson Editores. Bs. As. 1947.
    • Morgenfed, Leandro Ariel (UBA). Argentina y Estados Unidos en tensión: 50 años debatiendo el panamericanismo. XI Jornadas Interescuelas /Departamentos de Historia. Departamento de Historia. Facultuad de Filosofía y Letras. Universidad de Tucumán. San Miguel de Tucumán.

 

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