PENSIONES POR VIUDEZ: CUANDO EL ESTADO GARANTIZABA LA TRANQUILIDAD DE LOS ANCIANOS

A una semana de que estallara el escándalo por la suspensión de las pensiones para discapacitados, ahora el ANSES avanza sobre las pensiones por viudez.

Una damnificada confirmó a El Presente de la Historia que para seguir cobrando le exigen presentar el acta de defunción de su marido, el certificado de matrimonio con el registro del fallecimiento, el último recibo de cobro, y el documento nacional de identidad, todo con copias, porque “ellos no sacan fotocopias”. Les piden toda la documentación que ya presentaron en su momento y que fue la que habilitó el otorgamiento de la pensión, con el trastorno que significa para las personas mayores encontrar esos papeles si no los tienen a mano, o trasladarse hasta el registro civil para pedirlos y pagar por ese trámite. Luego, continúa con otro viaje hasta el ANSES para presentarlos. Es decir, para aquellos que tienen dificultades de movilidad, significa el pago de cuatro remises más el arancel por las copias, para continuar cobrando una pensión que ronda los 6.200 pesos. Además, como están de paro, cuando preguntan por teléfono les responden que no pueden informar por esa vía qué oficinas no están funcionando. Y cuando se les reclama que “si están de paro, ¿tenemos que ir y venir?”, contestan: “si señora, así son las cosas”.

Hace 69 años otro era el trato para los adultos mayores, por lo que la Argentina se convirtió en un modelo para muchos países del mundo. El 28 de agosto de 1948, la Fundación de Ayuda Social “María Eva Duarte de Perón” proclamó los Derechos de la Ancianidad, que un año más tarde quedaron incorporados a la Constitución Nacional después de la reforma de 1949. Al poco tiempo, durante una asamblea especial de las Naciones Unidas, 56 países expresaron su admiración por la medida, y varios de ellos la replicaron en su legislación.

Es que hacía pocos años que el sistema de jubilaciones había comenzado a funcionar y muchos sectores habían quedado sin su beneficio. Fue durante los años de Juan D. Perón al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión que se inició la organización de la previsión social, mediante cajas administradas por los sindicatos, y con un Instituto de Reaseguro del Estado que disponía de un fondo común para auxiliarlas en caso de necesidad.

Hasta entonces, eran muy pocos los que contaban con jubilaciones. La primera ley se dictó en 1877 y fue para los ministros de la Corte Suprema de Justicia y jueces de sección. Luego siguió la de los maestros en 1884, la de los empleados de la administración nacional en 1887, la policía y los bomberos de la Capital Federal en 1903, y la de los ferroviarios y los bancarios en tiempos de Hipólito Yrigoyen.
El anuncio de los derechos de la ancianidad se realizó durante un acto en el ministerio de Trabajo, con la presencia del entonces presidente Perón, la primera dama, Eva Perón y la totalidad de los ministros de su gabinete.

El “Decálogo de los Ancianos”, como se lo llamó entonces, rezaba:
“El Estado garantiza a todo anciano el derecho de asistencia integral por cuenta y cargo de su familia o, en caso de desamparo, por cuenta del propio Estado.

El Estado garantiza a los ancianos el derecho de albergue higiénico con un mínimo de comodidades hogareñas, el derecho de una alimentación sana y adecuada a la edad y estado físico; el derecho a una vestimenta decorosa.

El Estado tendrá preocupación permanente por la salud física de los ancianos, asegurándoles el libre ejercicio de las expansiones espirituales, concordes con la moral.

El Estado garantiza el derecho de esparcimiento de la ancianidad para que pueda gozar un mínimo de entretenimiento que le permita sobrellevar con satisfacción el resto de su vida.

El Estado garantiza el derecho de los ancianos a un trabajo productivo y compatible con su estado y condiciones, siempre que las mismas lo permitan.

El Estado garantiza el derecho de los ancianos al goce de una tranquilidad libre de angustias y preocupaciones.
El Estado garantiza el derecho de la ancianidad al respeto y consideración de sus semejantes”.

A partir de entonces, la Fundación inició la construcción de hogares para albergar a viejos sin familia, inaugurando el primero de ellos el 17 de octubre de ese mismo año, en Burzaco, provincia de Buenos Aires, con capacidad para albergar a 200 personas. En un predio de 32 hectáreas se levantaron edificios para talleres, dormitorios, enfermería, establos y hasta un gallinero. Después, y hasta 1950, se abrieron otros 4 hogares donde llegaron a alojarse 2.350 personas.
Contaban con todas las comodidades disponibles en aquel tiempo, que no pocos calificaron de excesivas. Ante las críticas, Eva Perón solía responder: “Yo se que algunos me critican porque la Fundación coloca objetos e instalaciones lujosas en los Hogares de Ancianos. Estos viejitos, más que nadie tienen derecho a vivir cómoda y confortablemente, rodeados de lujos y de cosas bellas. Ellos ya dieron todo lo que eran y lo que tenían”.
Fuente:

– Pavón Pereyra, Enrique. Evita, la mujer del siglo. Tomo II. Zupa Ediciones. Bs. As. 1986.

2 thoughts on “PENSIONES POR VIUDEZ: CUANDO EL ESTADO GARANTIZABA LA TRANQUILIDAD DE LOS ANCIANOS

  • 23 junio, 2017 at 8:05 pm
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    Gracias !!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  • 23 junio, 2017 at 8:07 pm
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    gracias, es una página excelente, para mi, que no tengo tantos estudios, leer acá la historia no tiene precio

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