REPRESIÓN A LOS DOCENTES: UN GOBIERNO DEMOCRÁTICO NO SE IMPONE A LOS PALOS

Luego de la represión policial en contra de los docentes el domingo pasado,  el presidente Mauricio Macri aseguró que los maestros  “violan las normas y después van al paro. Nosotros no queremos más eso.  Queremos sentarnos en una mesa todos juntos y estudiar de qué manera vamos a mejorar”, olvidando que fue su propio gobierno el que empezó por no cumplir con la ley 25.919 de Financiamiento Educativo que rige desde 2006 y con el llamado a paritarias nacionales para fijar el piso salarial que fue lo que provocó el conflicto. Pasó por alto, además, que el salario que su gobierno propone no alcanza para superar la línea de pobreza.

Por su parte, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, justificó la represión que ejerció la Policía de la Ciudad de Buenos Aires afirmando  que mientras la policía estaba parada “los docentes les pegaban patadas por abajo” y que “la carpa no estaba autorizada”.

Ante la declaración de un paro por 24 horas en repudio a la represión recibida,  Bullrich desafió: “Bueno, ahora vamos a ver cuántos docentes paran y cuántos aceptan esta realidad. A mí me parece que las cosas están cambiando, que no hay conducciones sindicales que puedan extorsionar. Y Cambiemos está en ese camino fuerte y no nos vamos a dejar doblegar por los que quieren volver al pasado que ya vivimos”.

La ministra no precisó a cuál pasado no quiere volver. Es claro que si se refiere al gobierno de Fernando De la Rúa en el que ella  era ministra de Trabajo y se le rebajó el 13% del salario a estatales y jubilados,  los docentes de hoy estarían de acuerdo.  O tal vez aludiera a los tiempos en que era oficial montonera y celebraba con sus compañeros la asunción de la presidencia de Héctor J. Cámpora, después de 18 años de proscripción del peronismo y de sucesivas dictaduras cívico militares. Entonces, el  ministro del Interior, Esteban Righi,  pronunció un discurso ante  los comisarios de la Policía Federal , en los que fijó el rol que las fuerzas de seguridad debían cumplir en el gobierno que comenzaba, la contracara exacta de las órdenes de Bullrich a las fuerzas que hoy tiene a su cargo.

Fue el  5 de junio de 1973 y estos son algunos párrafos de aquel discurso:

“(…) Es habitual llamar a los policías guardianes del orden. Así seguirá siendo. Pero lo que ha cambiado, profundamente, es el orden que guardan. Y en consecuencia, la forma de hacerlo. Un orden injusto, un poder arbitrario impuesto por la violencia, se guarda con la misma violencia que lo originó. Un orden justo, respaldado por la voluntad masiva de la ciudadanía se guarda con moderación y prudencia, con respeto y sensibilidad humanas.

La sociedad argentina ha padecido muchos agravios en estos años terribles que acaban de concluir. Todos hemos perdido mucho. Todos hemos sufrido. El país que recibimos carece de cosas imprescindibles. Faltan escuelas. Faltan viviendas. Faltan hospitales, cárceles limpias y sanas. Es natural y comprensible que la presión tan duramente contenida escape ahora con ímpetu. Que se manifiesten pedidos y demandas sectoriales.

(…) La función policial no será combatir esas manifestaciones. Sólo encauzarlas, ponerles razonables límites, impedir desbordes. Los hombres de la Policía pueden sentirse aliviados. Ahora nadie pretende que de sus armas deba salir la solución a los conflictos. Son los grandes movimientos de la sociedad. Los cambios revolucionarios que en ella se irán produciendo apaciguarán esas pasiones. Conseguirán canalizar todas las energías hacia la ardua tarea de construir una Argentina justa, libre y soberana.

¡Cómo vamos a ordenar reprimir al pueblo, si suyo es este gobierno y en su nombre y por su voluntad actuamos!

(…) En la Argentina nadie será perseguido por razones políticas. Nadie será sometido a castigos o humillaciones adicionales a la pena que la Justicia le imponga.

La sociedad debe protegerse del delito, pero será ineficiente si no comienza por comprender que sus raíces no están en la maldad individual sino en la descomposición de un sistema que no ha ofrecido garantías ni oportunidades.

(…) Cuando el gobierno del pueblo jura solemnemente que defenderá sin claudicaciones los derechos humanos, no está repitiendo una abstracción de liberalismo hipócrita. Piensa en hombres y mujeres concretos, a quienes permitirá disponer de un techo y un trabajo. De educación para sus hijos y cuidado para su salud. De bienes materiales pero también de objetivos espirituales. La Policía y las cárceles suelen ser mejores espejos de un gobierno que las palabras de los gobernantes.

Queremos que en la Policía argentina también se refleje la transformación que ya comienza a vivir el país. Arbitraremos todos los medios para que así sea, y seremos inflexibles con quienes no lo entiendan.

Las reglas del juego han cambiado. Ningún atropello será consentido. Ninguna vejación a un ser humano quedará sin castigo. El pueblo ya no es el enemigo, sino el gran protagonista.”

Fuentes:

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