SI NO SE DA VUELTA LA ECONOMÍA LAS PYMES SEGUIRÁN CERRANDO

Casi 2 mil  Pymes cerraron sus puertas en lo que va del año 2017 a las que suman otras 6 mil que cesaron sus actividades en 2016. De continuar esta tendencia se estima que a fines de este año el número de empresas que dejarán de funcionar llegará a más de 7 mil. Estos son los números que revela un informe de la Asamblea de la Pequeña y Mediana Empresa (APYME) que precisa, además, que en 2016 fueron despedidos 72 mil trabajadores a lo que hay que sumarle miles de suspensiones.  

En cuanto a las causas, APYME sostiene que es consecuencia de la apertura de importaciones, tarifazos e los servicios públicos, la presión tributaria y la creciente inflación.

Hace más de medio siglo, en su primer libro escrito desde el exilio y a meses de que el gobierno de facto había asumido el poder, el presidente constitucional depuesto Juan D. Perón describía la situación de entonces con asombrosas similitudes a la actual en cuanto a los efectos económicos, sociales y políticos, y con la enorme diferencia de que aquéllos habían llegado al gobierno no por el voto popular sino mediante un golpe de Estado.

Tras sostener que las autoridades de facto culpaban a  la gestión anterior por las consecuencias económicas que produjeron sus propias  medidas,  explica:  “Sus sistemas económicos, de neto corte capitalista, conducen al pueblo, a  través de una absoluta descapitalización, a una economía de miseria. Capitalizan, en cambio, a los sectores del privilegio. Así, el bienestar social está al servicio de la economía, y ésta al del capital. Invertidos así los términos de la economía de abundancia del justicialismo, supone sin más la inversión de todo un sistema. Ello es lo que está produciendo actualmente un verdadero caos en la economía argentina”.

Después, agrega: “La desvalorización del peso asestará  un rudo golpe a la industria, de la cual muchos establecimientos no podrán subsistir. Las masas obreras urbanas sentirán el fuerte impacto de esta inconsulta y brusca medida. La desocupación cundirá, agravada por la suspensión del Plan Quinquenal, y los salarios y sueldos bajarán de inmediato si los obreros no producen un grave conflicto de paralización. Para evitar esto último, ya la tiranía ha comenzado su trabajo destructivo de la Confederación General del Trabajo. Cuando llegue el momento, espera que las organizaciones estén tan desquiciadas y divididas que no puedan presentar un frente de resistencia, en cuyo caso no tendrán más remedio que aceptar su pauperización”.

“El efecto no parará ahí –continúa Perón- la disminución del poder adquisitivo del pueblo paralizará el consumo en un 50% y el comercio comenzará también a languidecer. La industria sufrirá también el contragolpe, y un círculo vicioso envolverá a la economía argentina por largo tiempo, castigándola fuertemente con bruscos y repentinos desplazamientos que sentirán todos por igual. Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza, y la economía argentina, con la dictadura y sus “técnicos”, retrocederá veinte años, después de un prolongado caos. Las consecuencias sociales de esta locura son imprevisibles. (…) Ellos lo querrán arreglar después todo ´a balazos´, pero las armas en este campo suelen ser inadecuadas”.

Luego se refiere a la peligrosa salida de intentar la solución del desequilibrio económico tomando deuda: “Todo este proceso repercutirá desfavorablemente en las finanzas nacionales y estatales. La tiranía, como ya lo anuncia, recurrirá a los empréstitos. De ellos perderá en la contratación misma el 50%, y del otro 50% se robarán la mitad ellos y sus intermediarios, como sucede siempre con los empréstitos. Luego el pueblo tendrá que pagar el total. Así, empobrecido y endeudado, asesinado y escarnecido, todavía el pobre pueblo tendrá que decir que estos simuladores llegaron para libertarlo”.

Apelando a su propia experiencia de gobernante, sostiene: “Durante mi Gobierno recibí innumerables ofertas de empréstitos, siempre con la comisión correspondiente, de  manera que yo sé de qué se trata cuando se demuestra, como en la tiranía, una aguda propensión a esta clase de operaciones”.

Por último, concluye: “Esta gente ha provocado el desequilibrio de la economía, hace dos meses equilibrada. Ahora comienza a prever el caos, producto de su insensata conducta y de sus inconsultas medidas. Su signo monetario y los valores bursátiles están entrando, como reflejo, en una espiral catastrófica de caída. La anarquía social amenaza con su acción destructiva toda posibilidad de recuperación. El Gobierno, ocupado en capear el temporal político y gremial, no atina a nada. Los técnicos, teóricos, toman medidas apresuradas e inconvenientes. El pueblo rumorea, los jueces prevarican, las fuerzas armas conspiran, todo parece venirse abajo”.

¿Cómo se soluciona? Perón ofrece una vez más su experiencia de 1946: “El aumento de salarios produjo en seguida un importante incremento en el poder adquisitivo de las masas populares y el consumo aumentó considerablemente en todos los aspectos. Con eso vino una extraordinaria reactivación económica. (…) Con el incremento del consumo y las ventas se reactivó también la producción y la industrialización, completando así la reactivación integral de la economía en todas sus etapas de producción, la transformación y la distribución. Alcanzado lo anterior, los mismos obreros, mediante sus organizaciones sindicales, llegaron a la fijación de los salarios mediante los convenios colectivos de trabajo de dos años de duración, al cabo de ls cuales los sueldos y los jornales reales eran reajustados de acuerdo con el incremento de los precios reales. Así conseguimos frenar la inflación hacia el año 1951, desde cuando se ha estabilizado la vida popular argentina en un equilibrio de precios y jornales que ningún otro país ha conseguido realizar”.

En cuanto a lo político, Perón asegura: “En el orden político, el objetivo de la tiranía es la destrucción del peronismo” y en referencia al primer presidente de facto que asumió en 1955 sostiene: “Lonardi manifestó que su misión era desperonizar al país. Establezcamos entonces que la función política que la tiranía se atribuye es destructiva y no constructiva”.

Y concluye: “Mientras se sientan fuertes, lo atropellarán todo; cuando se debiliten, entrarán a transar. El poder es como la riqueza, para conservarla es menester no hacer derroches. Estos tiranos están derrochando su poder, poco pasara sin que lo pierdan. Esa será la hora del pueblo. Recién entonces comenzará la reconstrucción sobre los despojos que haya producido la tiranía oligárquica, que retornará a sus feudos y buques desprestigiada, aborrecida y despreciada”.  

Fuentes:

Perón, Juan D. La fuerza es el derecho de las bestias. Instituto Nacional Juan D. Perón de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Política. Bs. As. 2008.

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