TERCERA MOVILIZACIÓN NACIONAL: PIONERAS DE NI UNA MENOS

Miles de mujeres marcharán desde el Congreso a la Plaza de Mayo y también en las plazas de las ciudades del interior para exigir medidas en contra de la violencia de género y a favor de la igualdad de derechos.

De este manera y una vez más, las mujeres argentinas toman la posta de sus antepasadas que desde principios del siglo XX emprendieron la lucha por los derechos femeninos enfrentando a las costumbres y a una legislación plagadas de prejuicios, que las consideraba como incapaces y menores.

Cecilia Grierson y Julieta Lanteri iniciaron su lucha en el plano personal dando batalla para ingresar en la facultad de Medicina a fines del siglo XIX.

En 1900, Grierson había fundado el Consejo de Mujeres Argentinas que pronto derivó en una agrupación femenina tradicional dedicada a las tareas entonces consideradas “propias de las mujeres”. Por esa razón, cuatro años más tarde, junto a Julieta Lanteri fundaron la Asociación Universitarias Argentinas, donde participaron también Sara Justo —la primera odontóloga del país y hermana del socialista Juan B. Justo—, Elvira y Ernestina López, egresadas de la facultad de Filosofía y Letras, y Elvira Rawson de Dellepiane, la segunda médica graduada en Argentina, quien había participado de la Revolución del Parque en 1890 atendiendo a los heridos, lo que le valió el reconocimiento de Leandro N. Alem.

Por su parte, en 1902 las hermanas Fenia, Adela y Mariana Chertkoff habían inaugurado el Centro Feminista Socialista.

Estas pioneras, además de reclamar por la igualdad civil y política, también pusieron en debate la explotación que sufrían las mujeres por medio de la prostitución que, por el impacto de la inmigración y el desequilibrio de los géneros –había más varones que mujeres- se expandió igual que las enfermedades venéreas como la sífilis y la gonorrea sin cura en aquellos tiempos.

En 1902, en la ciudad de Buenos Aires funcionaban 143 burdeles que pagaban a la municipalidad el 21% del total de los impuestos comerciales y se calculaba que alrededor de diez mil prostitutas eran explotadas en ellos, a los que había que sumar los prostíbulos clandestinos.

En el Concejo Deliberante se discutían controles sanitarios que terminaban perjudicando aún más a las prostitutas y que nunca alcanzaban a los usuarios, como si los varones no fueran transmisores de esas enfermedades. Además, a ninguno se le ocurría plantear la ilegalidad de la prostitución porque los concejales la consideraban como un mal necesario.

Para ellos, prostitutas eran las mujeres. En cambio, los varones homosexuales que ejercían el mismo oficio eran considerados como “profesionales que padecían una desorientación mental adquirida, generada por la incomprensión de la sexualidad femenina”. Es decir, las mujeres prostitutas eran inmorales, los hombres prostitutos eran insanos y los varones usuarios de la prostitución eran víctimas de instintos que no podían manejar.

Fue en 1906, durante el Congreso Internacional de Libre Pensamiento celebrado en Buenos Aires, donde María Abella de Ramírez presentó su ponencia titulada Reivindicaciones Femeninasen la que se planteó por primera vez consignas que aún tienen vigencia —como igual salario por igual trabajo— y hasta se atrevió a plantear la necesidad de legalizar el aborto.

Lo dijo de esta manera: “La educación física, moral e intelectual igual para ambos sexos, porque todas las profesiones que están abiertas a la actividad del hombre lo están también para la mujer; que en todas las reparticiones públicas sean admitidas las mujeres como empleadas con el mismo sueldo y condiciones que los varones”.

Y respecto al aborto, que aún en el presente se sigue encubriendo con la expresión “salud reproductiva”, María Abella pidió que “se hagan leyes en defensa de la mujer y de los futuros ciudadanos, iguales a las que existen en los Estados Unidos de Norte América para que no haya mujeres deshonradas por el delito de amar hasta olvidarse del cálculo y niños que vengan al mundo en peores condiciones que los parias: sin padres, sin fortuna, sin honor”.

Pioneras de #NiUnaMenos, en los albores del siglo XX, que merecen ser recordadas.

Fuentes:

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